Marisa Bonilla, presidenta de ‘Contigo Siempre’: “El dolor del alma no se puede paliar con medicamentos”


Hablamos con la abogada y presidenta de esta nueva fundación creada desde la parroquia de la Consolación para ayudar a los enfermos terminales

Vivimos en una sociedad que esconde la muerte, que la rechaza, que no la acepta. Uno de los grandes pecados del hombre actual, al que ha sido inducido desde poderosas y oscuras fuerzas, es creerse inmortal. No es de extrañar en un mundo, el occidental, donde la juventud se ha convertido en una deidad más a la que rendir sumisión. Pero la juventud, la salud, la vida, son fugaces, débiles y finitas. Y la mala noticia es que no hay bótox que lo remedie. Si nuestros mayores morían en casa, generalmente rodeados de los suyos – y también así llegaban al mundo- ahora morimos solos, en asépticas salas blancas y sin un rostro familiar cerca. Pero morimos. Paradójicamente es ley de vida. 

Como último gesto de soberbia, el hombre ha querido regular la muerte como en un intento (vano) de quedarse por encima de ella: “Tú vas a venir a por mí pero yo decido cuándo y cómo”. Morir así no es morir en paz. Ahorrará sufrimiento físico al moribundo, pero no anímico o espiritual. Morirse enfadado además es muy triste. 

Cuando desde la religión se lanza un mensaje de rechazo y oposición a la eutanasia (así como a la pena de muerte y al aborto) no es por pacatos conceptos morales sino por todo lo contrario: la moral de la vida plena pide ser vivida hasta el final de forma natural. Y  esto es lo que ponen en práctica desde la parroquia cordobesa de la Consolación, seno en el que ha nacido la fundación ‘Contigo Siempre’. El objetivo es acompañar al moribundo y ofrecer cuidados paliativos, esos cuidados que son tan caros para los administradores de la sociedad del bienestar y el progreso progresista. Sí, los mismos que nos facilitan cambiar de sexo. 

Hoy charlamos con Marisa Bonilla (Sevilla, 1958), una abogada comprometida, católica y feliz. Este último adjetivo quizá sea aventurado, pero es que Marisa desprende felicidad hablando de un proyecto, de un respaldo, de unos objetivos y unos voluntarios que en el poco trayecto que llevan recorrido ya pinta francamente bien. Su despacho es bonito y luminoso, como lo es la fundación que ahora nace y que llevará la caridad cristiana hasta el momento definitivo en el que se apague la vida terrena para que otra distinta y mejor se encienda. 

La eutanasia es una medida que el enfermo no contempla cuando recibe un correcto cuidado paliativo, según testimonian muchos sanitarios.

Efectivamente está estudiado que el 98% de las personas que han pensado en algún momento en solicitar la eutanasia, cuando reciben cuidados paliativos de calidad, renuncian a ello. Entonces es una opción que tendríamos que tener en cuenta, sobre todo en la actualidad, cuando la administración la única opción que les está dando a las personas, con enfermedades terminales, practicamente es la eutanasia, ya que los cuidados paliativos llegan a una parte muy pequeña de la población. 

Siempre es más barato que invertir en los tratamientos. 

Claro, resulta más barato acabar con el enfermo que atenderlo y cuidarlo. 

¿Ese ha sido uno de los motivos por los que ha nacido ‘Contigo siempre’?

En efecto. Sobre todo porque se ha visto la necesidad de atender a esas personas y de hacerlo con unos cuidados de calidad. Esa necesidad existe y como cristianos no teníamos más remedio que actuar como el buen samaritano. La sombra o la amenanza de la eutanasia como solución añade dolor y sufrimiento a estas personas. No queremos que pasen por la circunstancia de tener que pedirla y de irse al otro mundo de esa manera tan triste y tan dolorosa. 

Entiendo por sus palabras que, a pesar de la sociedad del bienestar que se nos vende, sigue habiendo gente que muere sola y mal. 

Sí, así es. 

¿Y por qué pasa eso? ¿No hay suficientes sanitarios, voluntarios o familiares?

Son distintas las razones. En primer lugar hay que hablar de cómo ha avanzado la medicina. Hasta el final del siglo XIX, prácticamente, lo que hacía era atender al enfermo. Como no se conocía aún la causa de muchas enfermedades, el médico lo que hacía era atender al enfermo para que no tuviera dolor y sí el mayor  bienestar posible hasta su fallecimiento. Conforme la ciencia avanza, se empiezan a descubrir la causa de las enfermedades y los médicos se centran, más que nada, en curar, en evitar por encima de todo que el paciente muera. Se toman tantas medidas para evitar la muerte que muchas veces lo que se hace es ‘machacar’ al enfermo. Y se olvidan los médicos del enfermo en sí. Se tratan las enfermedades y sus síntomas, pero se olvidan de la persona, al ser humano. Al ser humano en su totalidad: en su parte física y en su parte espiritual. El médico, cuando ve que la medicina ya no puede hacer nada por ese enfermo, a veces se siente fracasado. Y abandona en el momento en que el enfermo necesita más que nunca que lo atiendan, que lo cuiden y que estén pendientes de él. Hay muchas personas que se sienten totalmente abandonadas por sus propios médicos y que al final mueren mal y solas. 

¿Y eso cómo se va a cuidar desde esta fundación? ¿Qué proceso es el que se va poner en marcha?

Desde el día de la presentación hemos recibido más de cien solicitudes de personas que tiene interés por participar en este proyecto, haciendo labores de voluntariado. Lo primero que queremos hacer a primeros de septiembre será impartir unos cursos para formar a voluntarios, y que puedan acudir a las casas. Nuestra intención es comenzar por la atención domiciliaria, acudir a las casas donde estén estas personas con necesidades y ayudarles. Las más de las ocasiones será con una silla de ruedas, una cama articulada, un cojín antiescaras… Puede ser algo material. Pero si lo que necesitan es ayuda para paliar el dolor o descansar,  también tendremos voluntarios médicos y enfermeras que los atenderán en ese aspecto. Y sobre todo,  el acompañamiento. Vamos a comenzar básicamente con el acompañamiento a esas personas. Si necesitan ayuda espiritual, se le facilitará el acceso a un sacerdote.

No es obligatorio, entiendo. 

No, no lo es. Da igual la confesión de las personas que van a ser atendidas. Como si son agnósticas o ateas. Aunque en esos momentos de la vida, pocas personas ateas existen. 

No vamos a ir, digámoslo así, con Dios por delante, pero sí vamos a acudir con el amor de Dios en nuestras manos para que, de alguna manera, esas personas puedan darse cuenta de que ese amor existe – un amor con mayúsculas- y a lo mejor tenga ansias y necesidad de conocerlo. Y que cuando llegue el momento de su muerte sean conscientes de que van a un sitio donde van a ser amados por encima de todo. Así podrán irse en paz.

A los que están en contra de la eutanasia, sobre todo a los católicos, parece que les achacan que desean que la gente muera sufriendo, o sin dignidad. 

Dios nos quiere felices a todos. No tiene  ningún sentido el pensar eso. La doctrina cristiana no se parece en nada a querer el sufrimiento. Jesucristo pasó su vida curando enfermos o resucitando muertos. No tiene ningún sentido pensar que los que somo seguidores de Jesucristo queramos que la gente sufra. El dolor físico se puede evitar con medicación. El sufrimiento, como dolor del alma, no se puede paliar con medicamentos. Es verdad que hay momentos en los que el dolor no se puede evitar, pero desde el cristianismo lo que le encontramos en una razón de ser. Eso no es querer que la gente sufra, sino que cuando ya no se puede evitar esa parte de sufrimiento, ese sufrimiento puede ser ofrecido y producir unos frutos. Eso puede crear mucha esperanza en la persona que quizá no  entiende qué le está pasando. 

¿Han encontrado algún tipo de barrera o impedimento para poder realizar esta labor?

La verdad es que no. De momento el Espíritu Santo está siendo muy bueno con nosotros y nos va poniendo por delante todas las personas que vamos necesitando. Desde médicos, enfermeras, psicólogos, personas dispuestas a ayudarnos a impartir los cursos…Es maravilloso ver que cuando Dios quiere que un proyecto salga adelante este lo hace. Y no por nuestras habilidades (ríe). 

Esta fundación ha nacido dentro del seno de la parroquia de la Consolación. ¿Hay otras iniciativas similares en España?

Como movimiento parroquial creo que no. Pero los hermanos de San Juan de Dios en Sevilla tienen un hospital de paliativos. Los camilos están dedicados en exclusiva a todo el tema de acompañamiento y de formación de personas para ello. Tienen un centro en Madrid tanto para la formación como para la atención de personas mayores y paliativos. Y creo que han abierto otro en Sevilla. Hay iniciativas. Quizá no parroquiales como la nuestra, pero las hay.

¿Cómo se puede colaborar con la fundación? 

Pues el que lo desee se puede poner en contacto con nosotros a través del correo electrónico (contigosiemprefundacion@gmail.com) y nos comunicamos con ellos. Pueden hacerlo tanto para seguir los cursos de voluntariado como para aportar una ayuda económica.