Juan Carlos Girauta, abogado y escritor: “La nueva izquierda quiere mantener siempre vivo a un enemigo, porque se alimenta del antagonismo”


El periodista y ex-político ha intervenido en el ciclo 'España en Concordia' para presentar su libro, que habla sobre la hegemonía cultural de la izquierda

Cuando uno ha sido ajustador de doblaje, sabe lo que es trabajar duro, en silencio y sin fines de semana. Juan Carlos Girauta (Barcelona, 1961)  trabajó como ajustador de doblaje en su juventud porque tenía que pagarse la carrera de Administración de Empresas y porque además de traducir del inglés ganaba más dinero ajustando los takes, tarea nada fácil que requiere conocimiento de la lengua para que una palabra determinada coincida con la boca del actor que hay en la pantalla. Girauta pertenece a una generación que aunque nació en pleno  desarrollismo franquista y en Cataluña, tuvo que batirse el cobre para abrirse camino en la vida. Muchos de los que ahora legislan demenciales planes de estudios son de la quinta de nuestro entrevistado, por eso se entiende menos que  les manguen a los chiquillos la cultura y los conocimientos básicos para abrirse camino en una vida, esta, que no es como la hegemonía cultural de la nueva izquierda dice, sino dura, injusta, competitiva y diversa. Porque Girauta ha venido a Córdoba a hablar de su libro pero más de la batalla, de la confrontación que el autor entiende que hay que librar frente a quienes nos están robando la libertad, la decencia y el sentido común. Y el futuro a las nuevas generaciones, a pesar de que uno de los evangelios laicos de la nueva moral woke es la milenarista emergencia climática que Girauta, oh peccatore, niega. 

“Sentimentales, ofendidos, mediocres y agresivos” lo ha publicado una editorial cordobesa (Sekotia, del grupo Almuzara) y es en Córdoba, de la mano de su amigo y ex-compañero en Ciudadanos Fran Carrillo, y dentro del ciclo ‘España en Concordia’ que organiza este periódico, donde Juan Carlos Girauta ha explicado qué ha descubierto, qué análisis hace y qué propone para pasar a la acción. Porque él nunca ha estado quieto. Ha sido vocalista y guitarrista del grupo Astrolabio. Ha trabajado como consultor de empresas y profesor. Fundó un partido junto a otros que pudo alcanzar  la gloria y la Moncloa, pero que ahora se diluye en la España sanchista que padecemos.  Escribe en prensa, charla con Federico Jiménez Losantos en la radio cada semana y su perfil de Twitter se llena de admiradores y odiadores que lo siguen con pasión. 

Nos atiende en el restaurante Puerta Sevilla, recién llegado de su Toledo de adopción, antes de compartir con nosotros un menú cordobés que le ambienta el alma para la charla posterior. 

– Tony Soprano se preguntaba constantemente qué fue de los hombres como John Wayne ¿La ficción ya comenzaba a imponer la sentimentalidad usando el humor?

– Yo más bien escribo sobre el sentimentalismo. Hay un riesgo con la confusión de lo sentimental, la sentimentalidad y el sentimentalismo. En el título, la primera palabra que aparece es ‘sentimentales’ . No está mal ser sentimental. Lo que está mal es utilizar la vía sentimental para inducir a comprar causas políticas e ideológicas. Claro que siempre hay un motivo sentimental, porque  por la estricta racionalidad sería muy difícil votar a alguien. Lo que me parece insoportable es que solo exista sentimentalismo como vía de atracción hacia las causas que actualmente constituyen la hegemonía de la izquierda, a la que a partir de ahora llamaremos ‘nueva izquierda’, para no desmerecer a lo que fue la izquierda respetable, que era mucha. 

– ¿El umbral de ofensa crece conforme sube el nivel de infantilismo social?

– Sin duda. La infantilización explica unos cuantos de estos fenómenos.El hecho de que en una universidad se necesiten ‘espacios seguros’,  salas que son una especie de guarderías para que la gente se recupere de los posibles traumas que les puede provocar una opinión contraria a la suya, de universitario tiene poco. E incluso de escolar tiene poco, porque la escuela tampoco era eso. Y sin embargo se ha normalizado. En Estados Unidos es completamente normal y esa moda va llegando. En la escuela se crea una gran burbuja y eso es un problema crucial. El gran problema es la educación. Y la universidad ha ido poco a poco aceptando algunas premisas envenenadas que tiene que ver con que lo que uno siente es lo cierto. El sentimiento por encima de lo objetivo en muchas cuestiones significa, por ejemplo, creerse víctima porque te sientes víctima. El significado de víctima ya no es aquel que objetivamente ha sufrido una violación de sus derechos, un ataque o una agresión, sino el que se siente como tal. Como cuento en el libro, la psicología va aceptando eso de forma mayoritaria, y desde luego en las universidades la cuestión es lo bastante peliaguda como para que no la quieran tocar. Y si guien que se siente víctima lo es, a partir de ahí se le va a tratar de modo diferente.

-Existe una agresividad aceptada y que se justifica, y después todo lo demás es fascismo ¿no?

–  Es muy curioso porque la izquierda woke, la nueva izquierda, los que tienen la hegemonía cultural , consideran que es insoportable que se afirmen ciertas cosas. Estas ciertas cosas que no se pueden afirmar son muchas y además crecen en número. Por ejemplo, si yo niego la emergencia climática – que la niego- mucha gente lo considera una agresión. Y lo considera incluso violencia. Quiero recordar que varias responsables del Ministerio de Igualdad hicieron un viaje a Nueva York  cuya inutilidad flagrante fue criticada por algunos. Ante eso, una de las hermanas Serra dijo que la crítica a su viaje era “violencia política”. Por un lado, esto banaliza la violencia. Si tú convences a los tuyos de que la crítica contra tus posiciones es violencia, acto seguido, ejerce la violencia contra el que critica pasa  a ser legítima defensa. También se cercena la libertad de expresión, porque si tú dices lo que piensas y no encaja con lo que los hegemones piensan, estás practicando la violencia. Y por otro lado, la violencia efectiva que se puede aplicar contra ti es legítima. No, la única violencia legítima en un estado de derecho es la que practica el Estado. Sin embargo, en la cultura hegemónica, los escraches serán legítimos siempre que se hicieran contra otros, claro. Contra ellos son completamente ilegítimos. Y no digamos los guiños que se hacían a los grupos terroristas. Quizá lo estoy situando demasiado en España, pero el fenómeno no es estrictamente español, sino occidental. Aquí cobra ciertas peculiaridades que son las propias del país, pero hay un tronco común de lo que describo en todo occidente. Los sentimentales, ofendidos y agresivos están en todo occidente y la ‘mediocratización’  de la educación es un fenómeno occidental.

– ¿Cuándo y por qué fue la primera vez que le llamaron fascista?

– ¡Uy! En Cataluña, y hará muchísimos años. Como usted sabe , soy catalán de origen y toledano de adopción. Fue la primera vez que yo dije algo en público contra el nacionalismo catalán, y es algo que ni recuerdo, pues es una de las pocas causas que a mí nunca me ha engañado.  He ido aprendiendo a lo largo de la vida. Yo de joven era de izquierdas, porque en la Barcelona de los 70 quien no era de izquierdas parecía que era un desalmado. Luego fue aprendiendo con las lecturas, que es como se aprende, y me hice liberal. Me han engañado con muchas cosas, pero nunca con el tema del nacionalismo. Yo ahí siempre les he visto el plumero. Y desde muy pronto, cuando uno negaba los postulados nacionalistas, le llamaban fascista. Desde adolescente ya viví, en grupos o con gente que acababa de conocer, la recurrente pregunta de por qué no hablaba en catalán. Y llega un momento en que te cuestionas qué pasaría si le preguntas a la gente por qué no habla en castellano. Dirían que soy un fascista. Pero los fascistas son ellos, que están haciendo exactamente eso. Yo hablo catalán perfectamente, y lo hablo cuando la conversación es en catalá. Pero como primera lengua, cuando me presentan a alguien, hablo en castellano, que es el idioma más hablado de Cataluña con gran diferencia. Y cuando te han preguntado mil veces por qué no hablas en catalan, pues contesto “porque no me sale de los cojones” . Y entonces, me llaman fascista (ríe).

– ¿Todo pasa por la ‘Ventana de Overton’?

– Pues lamentablemente sí. Una de las características de la nueva izquierda es que todo es política. Por lo tanto todo será, en un momento u otro, sujeto de una polémica antagonista. No de un debate constructivo con el que podamos aprender uno de otros, y a pactar y avanzar. No; la nueva izquierda no quiere pactar. Quiere mantener siempre vivo a un enemigo, porque se alimenta del antagonismo. Y el esquema que voy a explicar ahora es el habitual: cuando la derecha, después de unos ciertos resquemores y resistencia, acepta las premisas en ese asunto concreto de la izquierda (cosa que hace siempre y es una de las razones por las que la izquierda es hegemónica), de momento la izquierda lo que hace es tachar de hipocresía esa postura ahora tomada por la derecha. Cuando la derecha se mantiene en esa posición durante tiempo, ya no cuela la idea de la hipocresía, de que la derecha no cree en eso. ¿ Y que se hace siempre e indefectiblemente? Se ensancha la ‘Ventana de Overton’ , porque si no la amplias no tiene antagonismo. Es decir, tú ensanchas aquello que es admisible por el público. Se vuelve a generar polémica, y con esa polémica la izquierda tiene de nuevo la posibilidad de acusa de retrógrados, fascistas y cromañones a los que no aceptan su nueva postura. La derecha de nuevo se resiste al principio y acaba comprando enterita la causa, en cuyo momento se repite el proceso. Por eso, en la medida en que se mantenga la hegemonía cultural en la izquierda, no dejaremos de desplazarnos hacia lo que ahora nos parece inconcebible. 

Yo expliqué la ventana de Overton en el libro con el ejemplo del aborto. Cuando acabé esa parte del libro dije que algún día veríamos a la derecha diciéndole a la izquierda que por qué quieren matar a un niño a los dos meses si se les puede matar a los quince días. Y si esto ahora te parece una salvajada, es porque no has entendido la ventana de Overton. Entrego el libro a la editorial y esa misma semana leo que en una revista de muchísimo prestigio, la English Journal of Medicine, que tiene una sección que se dedica a la ética médica, dos académicos plantean el tema  del ‘aborto post parto’. Es decir, lo que yo avisé. Y dicen que es muy importante que se le llame ‘aborto post parto’ ¡Claro, sinvergüenzas! ¡Claro que es importante! ¿Porque cómo le vas a llamar si no? Es decir, que el niño ya nacido, el niño viable, un niño con 15 días ya se puede matar Claro que lo queréis llamar ‘aborto post parto’. Porque los nombres de las cosas, para esta gente, “hacen” a las cosas. Y la hegemonía cultural pasa por adueñarse del lenguaje. A la que permitamos que se debata sobre el ‘aborto post parto’ , asesinar niños será una cosa normal. Y eso que yo anticipaba ya ha empezado. La naturaleza pone un plazo de nueve meses, y cuando ya toda la izquierda mundial aplaude a Colombia porque amplía a los seis meses – por cierto, los seismesinos son viables en un 50%- pues después del seis viene el siete, y después el ocho. Pero hay un día que llega el nueve. ¡Y ahí la ventana de Overton se acabaría!. La academia, que es donde empiezan siempre las causas woke ya plantea el modo en que se tendrá que enfocar el tema: ‘aborto pos parto’. Ojo con el nombre envenenado. 

-¿La mediocridad es la verdadera pandemia?

–  Sí, hay una pandemia terrible de mediocridad que se explica por el sistema educativo. Es un asunto muy serio. En realidad es la causa de todos los males. La educación es el más poderoso aparato de penetración ideológica con el que cuenta el Estado, por utilizar los términos marxistas. Yo prefiero un millón de veces el concepto de formación, un poco a la francesa, o aquella instrucción pública de antes, donde se suponía que había una serie de materias que una persona que pasaba por la escuela tenía que conocer. En España es obligatorio ir a la escuela hasta los 16 y hasta esa edad tienes tiempo para darle a la gente no solo una formación de base sino algo más. Pero claro,  infantilizas completamente la escuela y la conviertes en una burbuja separada de la realidad, en la que enseñas a la gente que la competencia es mala, que competir es perverso.  Y después está la estupidez del relativismo cognitivo, que básicamente genera gente que no va a servir para nada en la vida. ¿Por qué se hace? ¿Hay alguien que se haya reunido en torno a una mesa en un lugar oscuro conspirando y ha decidido que va a convertir en mediocre a la Humanidad? Yo no creo que funcione así. No creo en teorías de conspiración. Creo que es la pura lógica del poder, en el sentido de hegemonía, no de poder político. Es la propia lógica de ‘hegemonía cultural’ la que hace que los docentes – la docencia es un terreno donde siempre la izquierda ha querido estar-  tienen dada su ideología y su visión del mundo, una irreprimible tentación de usar el aula como lugar de ideologización y no de enseñanza. Y esto ha llegado ya a los currículos académicos que se han aprobado a nivel nacional en España, donde ha desaparecido, por ejemplo, la historia cronológica para ser sustituída por bloques relacionados con la opresión. Ideología: la mujer en la historia, los gays en la historia, los negros en la historia… Ideología. ¿Si tú no tienes la historia cronológica primero cómo vas a entender y colocar lo otro? Por lo tanto, es una fábrica de mediocres. Salvo que sea rico. Si eres rico no, porque te puedes pagar escuelas privadas muy buenas. Por eso la izquierda woke, la izquierda actual, es profundamente clasista. Otro rasgo reaccionario. 

– Señor Girauta, ¿hace frío en la disidencia?

– Pues mire: sí al principio. Luego, no. O es que te acostumbras al frío, o es que se produce el factor de que otra gente, que también disiente, te hace llegar su calor , o es que a lo mejor te acostumbras  a vivir a otra temperatura. Y no necesitas el calor permanente de la tribu. Además, para conseguir cosas importantes, a veces hay que pasar frío.  Cuando Thatcher llegó al  gobierno en el Reino Unido, el país estaba hundido. Y ella, tras su análisis, dijo aquello de que lo que hacían falta eran “los fríos vientos de la competencia”. O sea, que a veces hay que pasar frío. Pero claro, si lo único que quieres es el calor de la masa, y no discrepar nunca de ellos porque si no vas a pasar frío, pues qué vida tan aburrida ¡Pero si solo se vive una vez! ¿Qué más da, si nos vamos a morir? ¿Para qué vivir acobardado? (Ríe)

– ¿Cataluña es irrecuperable?

– Sí. Es irrecuperable, lo cual no significa que no sea recuperable dentro de 100 años, o 200. A lo mejor sí. Es irrecuperable en lo que a mí me queda de vida,  o en lo que nos queda a usted y a mi. No imagino ninguna manera de recuperar en los próximos 50, 70 u 80 años lo que ha ocurrido, porque todos los catalanes actuales , los que han pasado por la escuela pública o concertada, han sido envenenados en el odio hacia España. Han sido sometidos  a ese proceso de conversión en mediocre con un agravante: que los han ideologizado desde la propia herramienta de enseñanza que es la lengua. El hecho de que te eduquen solo en la lengua catalana no tendría nada de particular si no fuera porque para los nacionalistas la lengua es una herramienta ideológica. Al catalán le han hecho un daño enorme, inmenso. Está cargado de sobreentendidos. Yo, cuando hablo en catalán con alguien conocido que no tiene esos sobreentendidos, lo hacemos en un catalán normal y corriente. Cuando lo hago con un desconocido y use según qué palabras, sé que ahí hay carga, que hay veneno. Pero es que hay veneno porque las expresiones vienen envenenadas. ‘Desafecció’ – la desafección- , esa es una palabra envenenada, que quiere decir que “si sientes algún apego hacia el resto de España, vete deshaciéndote de él”. Y habría mil ejemplos. 

– Y hablando de nuestro país ¿qué España va a dejar Sánchez?

– Sánchez va a dejar una España en un estado catastrófico. En lo económico no solo es culpa suya, aunque tiene bastante responsabilidad. En la degeneración institucional él sí es culpable. Ha creado, por ejemplo, un principio de impunidad para los políticos, que es otra cosa que me parece bastante lejana a la idea de igualdad y de democracia. Eso de indultar a los golpistas catalanes, y lo que parece una apertura a indultar a los malversadores de los EREs, es un asunto terrible, porque el mensaje que deja es que tienes impunidad si tú eres político del sanchismo. El sanchismo es un régimen, no es solo el PSOE. Es una forma de hacer política, una autocracia todavía en construcción porque hay poderes que se le resisten. Pero es una autocracia: Lo voy a decir de una forma más sencilla: si tiene otra legislatura, va a destrozar la democracia española . Ahora, yo estoy seguro de que no le quedan muchos meses en el poder. Estoy seguro de que en las próximas elecciones generales se formará una mayoría de PP y VOX y se desplazará al sanchismo.