¿El PSOE da por perdidas las Municipales?


Son varios -uno en especial, que no es el de Romero- los que suenan para liderar la candidatura en Córdoba

El secretario general del PSOE-A, Juan Espadas, junto a la secretaria general del PSOE de Córdoba, Rafi Crespín, este viernes en Córdoba./Foto: PSOE
El secretario general del PSOE-A, Juan Espadas, junto a la secretaria general del PSOE de Córdoba, Rafi Crespín./Foto: PSOE
El secretario general del PSOE-A, Juan Espadas, junto a la secretaria general del PSOE de Córdoba, Rafi Crespín, este viernes en Córdoba./Foto: PSOE
El secretario general del PSOE-A, Juan Espadas, junto a la secretaria general del PSOE de Córdoba, Rafi Crespín./Foto: PSOE

Esta semana se ha conocido el itinerario “alternativo” del PSOE, de cara a la celebración de las primarias en Andalucía, para elegir a sus candidatos para las Elecciones Municipales de mayo de 2023. Un calendario que podría prolongarse hasta el próximo mes de enero y que no deja de resultar, cuanto menos, llamativo.

Y es que la “lógica” electoral indica que, en estos casos el candidato a la alcaldía de turno debe conocerse dos veranos antes de los comicios, cuando este no es el que ostenta el bastón de mando del municipio en cuestión. Todo lo contrario a lo que sucederá en la capital cordobesa, por ejemplo, donde puede que el -o la- aspirante se conozca a cuatro meses de que se abran las urnas.

Y no es una cuestión baladí, ya que el PSOE en Capitulares está descabezado desde que la exalcaldesa y exportavoz del grupo en el Consistorio, Isabel Ambrosio, marchara a San Telmo como parlamentaria. José Antonio Romero asumió la portavocía, pero eso no es sinónimo de nada, puesto que son varios -uno en especial, que no es el de Romero- los que suenan para liderar la candidatura socialista.

Entre tanto, salvo sorpresa, las formaciones de centro derecha parecen tener claros los nombres de sus primeros espadas. No es el caso de las formaciones a la izquierda del PSOE. De ese modo la estrategia se antoja cuanto menos arriesgada y podría ser un síntoma de que no confían en ganar. Ese no será el discurso oficial, pero el lenguaje de los plazos habla por sí solo.