Su primera vez
I.- Desde niña había intuido que la realidad tangible era sólo una parte de la verdad. Pero era también consciente de que la inteligencia humana es limitada, por eso, a su parecer, las cuestiones...
El cobarde
I.- Él no se acordaba porque, cuando ocurrieron los hechos, tendría tres añitos, no más y estaba mamoncete todavía que, en aquellos años, los niños chupaban de la madre largo tiempo y se los...
El maestro
I.- Cuando, con el fin del curso, tomó las vacaciones, sabía que no se reincorporaría en septiembre: le había llegado la jubilación. Pero esa conciencia era meramente intelectual, no sensitiva, de modo que ,...
Vísperas de Reyes: tiempo y libertad
A pesar de la crisis y de que, como todos, el guarda Julianillo andaba alcanzado de dineros y no podía darse muchos caprichos, no se le ocurría nada que pedir por Reyes. Las cosas...
El regalo de Navidad
Córdoba, navidad de 2.020
A él le iban a contar lo de la igualdad de hombres y mujeres… ¡Vaya gilipollez! Que sí, que teorizar está muy bien, y soltar eso del patriarcado alienante y el...
Su único ojo
I.- Su cuñado conducía el coche: él, el guardia Díaz, ocupaba el asiento del copiloto; su mujer iba atrás. Se sentía feliz : después de tantas penitencias, al fin, volvía a casa. A un...
El progre cultural
I.- Don Gustavo había lucido en tiempos una cabellera encrespada, como un jaral áspero, apretado, impenetrable… y una barba, por contra, lacia y decadente, muy al melancólico estilo de Valle – Inclán. Luego, con...
Su p… madre
Hace mucho el tío Fulgencio se acartonó y, desde entonces, no pasa el tiempo por él. Se ha quedado como un bacalao seco: magro de carnes y medio momificado, pero con el vigor de...
Se necesitan valientes
I.- Don Saturio se llamaba Saturio, claro está, y aunque ese nombre no es propio de estas geografías del sur, la cosa tiene su explicación: Don Saturio era soriano, donde su nombrajo es bastante...
Hasta siempre
I.- Era como estar tumbada en la playa: de pronto las olas la mojaban y la marea la mecía mar adentro. Todo era entonces sosiego, una quietud plácida, lindera entre la paz más absoluta...
La contrición
I.- El cura se rebulló en el confesionario y musitó:
Hijo, si no sientes dolor de tu pecado, no puedo darte la absolución.
El viejo penitente permaneció arrodillado. Deseaba fervientemente un arrepentimiento sincero, una suerte de...
En la salud y en la enfermedad
6 de agosto de 1.978
I.- En cuanto Cristobalillo salió del taller tomó la bicicleta y salió zumbando. Recorrió a toda velocidad las calles empedradas, con pericia y desenfado, tomando las curvas muy pegado a...
Los tres castoreños
I.- La abuela Dolores cumplió los cien hace varios años y con sus achaques y sus puniciones ahí sigue tan terne, la mujer.
- Abuela, ¿cuántos años tiene usted?
- Yo, como la coñac…
Y ante la...
La segunda oportunidad
Don Camilo José Cela tenía ya el título, “ Mazurca para dos muertos “, pero aún no había iniciado la novela. Bien mirado, sólo tenía una idea vaga de aquello sobre lo que quería...























