Su primera vez

I.- Desde niña había intuido que la realidad tangible era sólo una parte de la verdad. Pero era también consciente de que la inteligencia humana es limitada, por eso, a su parecer, las cuestiones...
Cafetera./Foto: LVC cafeterías

Un café

I.- Cuando la cirujana doctora Marta Gil aportó por su casa se derrumbó en el sofá, puso música clásica (por más señas el Ave María de Caccini ) y empezó a llorar. La intervención...

El cobarde

  I.- Él no se acordaba porque, cuando ocurrieron los hechos, tendría tres añitos, no más y estaba mamoncete todavía que, en aquellos años,  los niños chupaban de la madre largo tiempo y  se los...

El maestro

I.- Cuando, con el fin del curso, tomó las vacaciones, sabía que no se reincorporaría en septiembre: le había llegado la jubilación. Pero esa conciencia era meramente intelectual, no sensitiva, de modo que ,...

La madre

I.- Paul era un chico brillante: inteligente, estudioso, educado… Las posibilidades de su familia le habían permitido viajar desde muy niño y tener una visión amplia del mundo. Tenía un grado en Derecho, otro...

Vísperas de Reyes: tiempo y libertad

  A pesar de la crisis y de que, como todos, el guarda  Julianillo andaba alcanzado de dineros y no podía darse muchos caprichos, no se le ocurría nada que pedir por  Reyes. Las cosas...

El regalo de Navidad

  Córdoba, navidad de 2.020 A él le iban a contar lo de la igualdad de hombres y mujeres… ¡Vaya gilipollez! Que sí, que teorizar está muy bien, y soltar eso del patriarcado alienante y el...

La silla

I.- Los aficionados más puros se encocoraban y lo zaherían cuando citaba,  sentado en una silla, para poner banderillas. Es una tontería eso de citar sentado…..porque luego se levanta y embroca de pie. ¡¡ A...

Ellas

I.- Eran ellas : la señora ministra de igualdad, sus colaboradoras, su asesoras… Eran ellas, acarradas en  una reunión de máximo nivel,    exponiendo   iniciativas propias de su ministerio: campañas de publicidad, subvenciones a determinados...

Su único ojo

I.- Su cuñado conducía el coche: él, el guardia Díaz, ocupaba  el asiento del copiloto; su mujer iba atrás. Se sentía feliz : después de tantas penitencias, al fin,  volvía a casa. A un...

El progre cultural

I.- Don Gustavo  había lucido en tiempos  una cabellera encrespada, como un jaral áspero, apretado,  impenetrable…  y una barba, por contra, lacia y decadente, muy al melancólico estilo de Valle – Inclán. Luego, con...

Su p… madre

Hace mucho  el tío Fulgencio se acartonó y, desde entonces, no pasa el tiempo por él. Se ha quedado como un bacalao seco: magro de carnes y medio momificado, pero con el vigor de...

Se necesitan valientes

  I.- Don Saturio se llamaba  Saturio, claro está, y aunque ese nombre no es propio de estas geografías del sur, la cosa tiene su explicación: Don Saturio era soriano, donde su nombrajo es bastante...

Hasta siempre

I.- Era como estar tumbada en la playa: de pronto las olas la mojaban y la marea la mecía mar adentro. Todo era entonces sosiego, una quietud plácida, lindera entre la paz más absoluta...

La contrición

I.- El cura se rebulló en el confesionario y musitó: Hijo, si no sientes dolor de tu pecado, no puedo darte la absolución. El viejo penitente permaneció arrodillado. Deseaba fervientemente  un arrepentimiento sincero, una suerte de...

En la salud y en la enfermedad

    6 de agosto de 1.978 I.- En cuanto Cristobalillo  salió del taller tomó  la bicicleta y salió zumbando. Recorrió  a toda velocidad  las calles empedradas, con pericia y desenfado, tomando las curvas muy pegado a...

En fin…

A Justino, desde que se cayó de un mulo al cruzar por el arroyo Miñambres y dio la gran costalada, el espinazo le quedó malbaratado, como una ristra de ajos desacompasada. En dos palabras:...

Los tres castoreños

I.- La abuela Dolores cumplió los cien hace varios años y con sus achaques y sus puniciones ahí sigue tan terne, la mujer. - Abuela, ¿cuántos años tiene usted? - Yo, como la coñac… Y ante la...

Pavarotti

I.- Eran felices. Su pisito daba vistas a un parque y la orientación, tan luminosa, era óptima: cálida en invierno, fresca en verano. Ambos estaban empleados así que llegaban sobrados a fin de mes....

La segunda oportunidad

Don Camilo José Cela tenía ya el título, “ Mazurca para dos muertos “, pero aún no había iniciado la novela. Bien mirado, sólo tenía una idea vaga de aquello sobre lo que quería...
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