
¿De quién es ese terno que viste la Reina de los Mártires? Es la pregunta de numerosos fieles que se acercan a la Real Colegiata de San Hipólito, al contemplar cómo se encuentra en su capilla. El conjunto está formado por una saya azul oscuro con cinturilla y mangas a juego, y un manto oscuro con las vistas bordadas. La antigüedad de las piezas, especialmente del manto, se aprecia en el color oscurecido del oro de sus bordados.

La cofradía ha querido que el día uno de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, la imagen amaneciera aún de blanco, por ser este el color litúrgico que corresponde a la celebración. Pero ya por la tarde, su vestidor, Antonio Bejarano, la ha dispuesto con un estilo clásico para el tiempo de difuntos. El conjunto es el que hasta hace pocos años empleaba como luto la imagen sevillana de María Santísima de la Angustia, titular de la hermandad de los Estudiantes.

Con este simbólico gesto, la hermandad de la Buena Muerte ha querido clausurar su septuagésimo quinto aniversario. Y es que, como refleja el libro titulado “Hace setenta años…”, escrito por José y Eduardo Capdevila, la primera vez que la Reina de los Mártires realizó estación de penitencia, no tenía aún ejecutada la saya de Esperanza Elena Caro, por lo que vistió una cedida por la cofradía sevillana.

Además, cuando la corporación cordobesa encargó al imaginero Antonio Castillo Lastrucci su crucificado, indicó en el contrato la petición de que se inspirara en el que el maestro cordobés Juan de Mesa y Velasco realizara para la casa profesa de la Compañía de Jesús “que hoy se venera en la universidad de Sevilla”. Esa portentosa imagen inspiradora es el Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes.

Así, la cofradía cordobesa cierra el círculo de sus 75 años de historia, y estrecha sus lazos con la hermandad hispalense, con la que ya planea otras actividades, como una convivencia de sus grupos de jóvenes.







