Espes Nostra


La esperanza es una de las tres virtudes teologales, que son al unísono, exponentes de sendas lecciones de vida

Aristóteles nos deja para la memoria de los tiempos, una rotunda lección: “los sueños son una conjunción entre lo propio y lo ajeno, hay una independencia del tiempo, resiliencia de aceptar lo intangible de la esperanza y , para todo ello es necesaria la vida”

“La esperanza, es el sueño del hombre despierto”

En tiempo de esperanza, recordamos que fue en el año 656 cuando se estableció la Fiesta de la Virgen de la Esperanza en España, que se denominará Fiesta de la Expectación del Parto o de la O, tras la celebración del Concilio de Toledo, donde queda instituida.

En la Península Ibérica y durante el Medievo, la advocación de la Esperanza, gozará de una importantísima devoción que llevará a celebrar con enorme fervor el día 18 de diciembre, la conocida como fiesta de Nuestra Señora de la O.

Esta devoción a la Virgen de la O, se arraiga en gran medida entre las féminas que padecían ciertas dificultades para concebir, implorando a la Santísima Virgen su intercesión ante dicho trance.

La esperanza es una de las tres virtudes teologales, que son al unísono, exponentes de sendas lecciones de vida.

La fe, que permite entrar en oración.

La Esperanza del regreso de Jesucristo.

Y la Caridad que derrama el Espíritu Santo en el corazón y que es el origen del diálogo con Dios.

El ancla de la fe, que simboliza la esperanza y se vincula a la caridad, es una simbiosis perfecta que nos entrega, para que sean nuestras compañeras en el arduo camino de los seguidores de Cristo, los continuadores de su Santa causa por los siglos de los siglos.

Y seguimos las Cruz y la tomamos, como el Maestro nos enseñó, signo de la victoria sobre la muerte y de la esperanza de la Resurrección.

Esa misma esperanza que se renueva cada año, junto cuando el calendario se viste de diciembre y convoca a la alegría en los prolegómenos de la expectación de la llegada del Divino Redentor del mundo.  

Antífonas de Adviento

Las antífonas de Adviento, llamadas antífonas mayores, se entonan en la Liturgia de las Horas, durante las vísperas de los últimos días del Adviento, del 17 al 23 de Diciembre, en varias tradiciones litúrgicas cristianas.

Se compusieron en torno a los siglos VII-VIII. De ellas se puede decir que conforman un magnífico epitome en relación a la cristología más arcaica de la Iglesia, que comprende y expresa el necesidad de salvación de la humanidad, expresados tanto en el Antiguo Testamento, así como en el Nuevo Testamento.

Cada antífona, es un de los nombres de Cristo, uno de sus atributos mencionados en las Sagradas Escrituras.

 

O Sapientia: Sabiduría, Palabra

O Adonai: Señor poderoso

O Radix: Raíz, renuevo de Jesé, padre de David.

O Clavis: Llave de David, que abre y cierra.

O Oriens: Oriente, sol, luz.

O Rex : Rey de paz

O Emmanuel: Dios con nosotros.

 

“Que el Dios de la esperanza los llenes de toda alegría y paz, a vosotros que creéis en Él para que rebosen de esperan por el poder del Espíritu Santo. (Romanos 15:13)