Ser y sentir en periodista


A propósito de nuestro Santo Patrón San Francisco de Sales.

Ryszard Kapuscinski, periodista de raza, dijo en cierta ocasión que “para ser buen periodista hay que ser buena persona”, desde luego, como dicen ahora los modernos, le compro a Kapuscinski, la idea y la frase.                                                                          Una buena persona al uso, podíamos decir que es un ser sincero, correcto, empático, con nobles sentimientos y coherente, sin estos aditamentos y algunos más que podíamos añadir, nos atrevemos incluso a aseverar que no es factible ser una buena persona.

El tratamiento de la información, diferencia al buen profesional de el no tan bueno. Lo que nos enseñaron en la facultad y en las escuelas, ese triunvirato y pilar básico para la información, se desvanece demasiado pronto en el desarrollo diario de la profesión: formar, informar y entretener. Una regla de oro que no debemos dejar en el cajón del olvido, pues con ella se ha escrito la historia del periodismo desde sus inicios hasta nuestro días.
Los tiempos sin lugar a dudas han cambiado y mucho, ello se refleja en todos los ámbitos de la sociedad y por ende en el periodismo. La manera de informar que en nuestros dias se lleva a cabo, no tiene color con la que se desarrollaba hace 20, 15 o 10 años, no obstante, es esa inmediatez que los medios ofrecen y la red de redes proporciona, la que hace que el periodista deba estar en constante evolución y sincronía con la actualidad y sus fuentes de difusión.

Somos responsables de contar a la sociedad que es lo que sucede y quienes son los protagonistas de esas noticias, y hemos de hacerlo con veracidad, contrastando las fuentes y con un ejercicio de responsabilidad muy acusado, pues en nuestras manos está el conocimiento que la sociedad tendrá de los hechos en cuestión.
El dramaturgo estadounidense Arthur Miller decía que “un buen periódico es una nación hablándose a sí misma”. Esta máxima de Miller, pone de manifiesto el papel tan relevante que el periodismo atesora, nada más y nada menos que el hacer factible que la sociedad, acceda a la información autentica, clara, fidedigna y libre de manipulación, un derecho del que deben gozar todos los ciudadanos y que recoge la Constitución española de 1978, concretamente el artículo 20, en el que se hace referencia a la libertad de expresión y al derecho a la información, dentro del Título I, De los derechos y deberes fundamentales.
Cierto es que ésta, nuestra profesión, es más que eso, es autentica devoción, porque no se entendería la capacidad de entrega, de trabajo y en muchos casos, de sacrificio que el desempeño de la misma conlleva.

Estar prácticamente de guardia en cada momento del día, viendo la vida con ojos de reportero, con autentico deseo por conocer el porqué de las cosas, por investigar, en el más sano sentido de la palabra, los hechos y sucesos, empatizar con los protagonistas de los sucesos para ver a través de sus ojos los hechos acaecidos, llegar hasta el epicentro de la noticia y sacar a luz la verdad…
Eso y muchísimo más es ser periodista. Es un estilo de vida, una seña de identidad, es como un sello que se graba en el ADN de cada uno de los que tenemos la suerte de ser parte de este mundo de la comunicación, que, a pesar de estar atravesando tiempos poco propicios para la misma, sigue siendo la profesión más hermosa de cuantas existen, contar, escribir, transmitir, la vida en estado puro.