El Pueblo y el Senado. In memoriam a Pascual González


Contaba sólo con once años cuando conocí a mi querido primo Pascual, el eterno rapsoda de la esencia del Sur.

Aún llevaba trenzas y calcetines de hilo, en los ojos el caramelo de la inocencia y en los labios, el algodón de azúcar del Domingo de Ramos. Era casi una niña cuando conocí a mi primo Pascual.                                                                                                            Le recuerdo en esos atardeceres de primavera, en la tabernita de mi amigo Pepe Ferrer, cuando Rosa Sánchez, su mujer (Q.E.P.D), se enredaba en sonetos de papel de seda y se dejaba llevar por versos escritos en cuartillas de mostrador.

 

El arte y la gracia venían cada noche a aquella cita. Pascual llegaba de la calle Martínez Montañés de la pretérita Radio Minuto, dejando en las ondas de la Ciudad, su verso y su compás.                                                                                                                        Nazareno de negro y más de barrio que el Pilatos de San Benito, bohemio, hippie y soñador, que dejaba jirones de su alma en cada nota, en cada estrofa.

Con la capacidad que sólo posee un artista, nos recitaba, frente una copa de manzanilla sanluqueña de aroma inconfundible, las letras sentidas de esas seguidillas de antaño que hogaño son las sevillanas.                                                                                      Pregonero de pellizco y de vivencias, Pascual González, ha sabido imprimir a Cantores, la línea trémula y difícil de seguir del sentimiento del Sur, sin chauvinismos, sin egocentrismos, pero con la idiosincrasia de esta tierra bendita, que por bandera lleva el marianismo más arraigado, en el mástil de los tiempos.

Aunque los años han pasado y la enfermedad le ha dejado zarpazos tremendos en su mermada salud, seguía viendo a mi primo Pascual, con las mismas ganas que hace cuarenta y con la misma ilusión de aquel nazareno, cuando a las tres de la tarde, de la Dominica de Palmarum, se abren las puertas de los sueños y el color de los Cielos de la Ciudad se torna “Azul Hiniesta”.

Pascual me involucró en un proyecto absolutamente apasionante, un sueño que se llevó, como tantas cosas, esta pandemia que padecemos…
Haber podido trabajar contigo de la mano y haber podido llegar hasta el mismo Vaticano, no hubiera sido para mi un privilegio, sino un auténtico regalo de la vida y del que Todo lo Puede…no pudo ser, pero me quedo con esa ilusión que reflejaban tus ojos y el brillo de tu mirada cuando me hiciste participe de ese proyecto, del que iba a formar parte.
“Cristo Pasión y Esperanza”, un auténtico Evangelio con música, nacido del corazón de un artista inigualable y de la pluma de un eterno bohemio de convicción, cuya fuente de aspiración no conocía ni límites ni fronteras.

Dijiste, primo querido, en una ocasión que: “en Sevilla, el pueblo le había ganado al Senado”. Y yo rubrico esa sentencia salida del alma llagada de quien ha vivido, sentido y padecido mucho en esta aventura que es la vida en sí.                                            Eternamente te veré en mis recuerdos de niña, con tu porte bohemio que tanto me impresionaba, con el arte en la pluma y el compás en las manos, en aquel rincón de la calle de los Baños de la Reina Mora, por donde la noche se ceñía las enaguas de espuma y se calzaba tacones, meciéndose al compás de unas boleras, las que entonaba Pascual en la tasca de Pepe, en el rincón del duende.

Te quiero hasta el infinito, como antes, como ahora, como mañana…. Como siempre.
Dicen ahora, los “entendidos cofrades”, que tenías que haber sido pregonero de la Semana Santa de Sevilla hacía tiempo…. fariseos hipócritas, a ellos les digo que a mi primo no le hacía falta colocarse ante ningún atril “oficial”, porque él ha pregonado mejor que nadie a la Semana Santa de Andalucía, en cada verso, en cada prosa, en cada rima…
No necesitaba atril, ni el Maestranza, ni parafernalias casposas, que rodean a todo lo oficializado del pregón.
Cuando algunos “elegidos”, comenzaban a esbozar seudo pregones, él hacía décadas que escribía esencia de cultura del Sur en cada rima, en cada palabra, siendo fiel así mismo, tal como fue siempre, “un verso libre”, una “Pilatero” militante y entregado devoto de su Cristo de la Presentación al Pueblo y de su Dulcísimo Nazareno de San Antonio Abad.

Con los ojos empañados por las lágrimas que brotan de mis sentimientos, digo y escribo, que mi querido e inimitable primo, Pascual González Moreno es ya en las Alturas de lo Eterno, el “Cronista de la Gloria”.
Me duele el corazón, y tu ausencia…. Bien lo sabes.
Mis besos de Canela y Clavo, buscan hoy la Gloria de los Cielos.