El apóstol te espera


El Camino es vivir la fe si la tienes, encontrarla sin pretenderlo o recapacitar de una manera u otra sobre nuestra esencia espiritual

Una de las cosas en las que más me gusta emplear el tiempo libre, es en recorrer unos días al año el Camino de Santiago; diría más, me apasiona tener momentos para ello. Es una de esas experiencias que marcan tu vida para siempre y que te llevan a querer repetir dicha práctica en otras ocasiones. Suelen decir los peregrinos que aquel que prueba, repite. Y no les falta razón.

Peregrinar hasta la tumba del apóstol Santiago supone sentir en primera persona una sensación difícilmente descriptible que te lleva a pensar en tu propio camino, el del curso de tu vida. No importa si vienes de más cerca o de más lejos, si recorres un número mayor o menor de kilómetros o si haces el Camino inglés, francés, portugués, sanabrés o mozárabe, porque vas a percibir que una huella profunda te invade al andar por las mismas sendas que determinadas personas transitaron siglos atrás y que otros muchos siguen atravesando en nuestra época. Tener la oportunidad de emprender esta ruta entraña descubrir tus limitaciones, observar que somos frágiles como vasijas de barro y capaces de alcanzar los retos que nos hayamos propuesto.

El Camino es sentir la naturaleza en toda su amplitud: paisajes diversos reflejados en el cauce de un río o dibujados al abrigo de la vegetación; retratados en la espesura de un bosque, en un monte nevado o en una larga llanura bajo el sol. El Camino es también silencio y algazara. Contrastan los momentos en los que mirar al interior con aquellos que compartes de manera entusiasta. La peregrinación es signo de sufrimiento y de gozo. Es cansancio y dolor provocado por el esfuerzo físico que se traduce en rozaduras o daños musculares. Te lleva a experimentar la soledad y a cultivar las relaciones sociales; es la hospitalidad representada en los individuos que han sabido acoger y alentar a los peregrinos que pasan por aldeas, concellos o ciudades. Asimismo te arrastra a reconocer que contigo caminan quienes te auxilian o los que simplemente te acompañan, esos que te alientan a seguir adelante con la sencillez de unas palabras de ánimo en instantes de agotamiento y no se separan de tu lado.

El Camino es vivir la fe si la tienes, encontrarla sin pretenderlo o recapacitar de una manera u otra sobre nuestra esencia espiritual.

2021 es Año Santo Jacobeo, un año que se prolongará hasta finales del 2022 respondiendo a las condiciones sanitarias que todavía perduran. Sal de tu tierra. El Apóstol te espera ha sido el lema elegido para este Año Santo Compostelano. ¡Qué bonita invitación a salir de nuestra zona de confort! Déjate sorprender si aún no lo conoces y vívelo de nuevo si tienes la oportunidad. Gastronomía, cultura y  multitud de vivencias te están esperando. Y nunca olvides que la vida es un camino y cada cual elige con quién quiere caminar.