La estela de Don Bosco


Es admirable ver de qué manera los salesianos siguen hoy marcados por la huella de Don Bosco, poniendo en práctica todo aquello que conformó su estilo de vida

Entre los diversos carismas que existen dentro de la Iglesia, siempre he admirado la alegría, cordialidad y familiaridad con la que el Espíritu Santo inundó a San Juan Bosco y que, como una estela, mantiene la Congregación que este santo fundara. Pensaba esto porque si el mes de mayo es el de la celebración por excelencia en las casas salesianas, no faltan ahora días de fiesta en las mismas. Concluye este mes con una jornada grande, el tributo anual al fundador en recuerdo de la fecha de su muerte. No es que el resto del año caiga en el olvido, al contrario, siempre está presente, pero ahora se hace de una manera especial.

El alborozo inunda a toda la Familia Salesiana en el mes de enero, el mes de Don Bosco. Fue un 24 de este mismo cuando Juan Pablo II lo proclamó oficialmente como “Padre y Maestro de la juventud” hace ya más de treinta años; en la misma fecha en la que se festeja a otro santo, San Francisco de Sales, en el que se inspiró y que sostuvo como modelo nuestro protagonista. Patrono de los periodistas por defender la verdad, su vida paciente y amable y fundamentalmente su humanismo, fueron un referente para el santo de los jóvenes. Toma San Juan Bosco de aquí el nombre de su comunidad y en su cabecera no faltaba una frase que solía repetir el propio San Francisco de Sales y que estaba cogida de la Biblia: da mihi animas, coetera tolle (dame almas, llévate lo demás).

Es admirable ver de qué manera los salesianos siguen hoy marcados por la huella de Don Bosco, poniendo en práctica todo aquello que conformó su estilo de vida, tratando también ellos de formar “buenos cristianos y honrados ciudadanos” como él mismo hiciera en Turín hace más de un siglo. Así transmiten a niños y jóvenes educación y evangelización, haciendo gala de un agrado que se refleja en otro enunciado reiterado por el fundador y que es algo tan sencillo como afirmar que la santidad consiste en estar siempre alegres. Ese gozo se constata al cruzar la puerta de un patio, de un colegio, de una casa de esta Orden…, sin importar si estás en España o Italia, con la misma sensación del que entra en una morada en la que es acogido y siempre bienvenido. Estudiar en un colegio salesiano imprime carácter, es sentirse parte de una familia a la que ya no se deja de pertenecer sino en la que uno echa raíces y crea un vínculo verdadero que lo acompañará el resto de su vida.

31 de enero, un día para meditar con los sueños de Juan Bosco que se cumplieron y dieron fruto abundante.