Pascual eterno


Como cofrade dio a conocer las hermandades de Sevilla, especialmente la suya: San Benito

Cantores de Híspalis. Pascual González
Cantores de Híspalis.

Se apagó su voz, adormecida hace unos años por un cáncer de laringe a pesar del cual no se separó de los escenarios ni del grupo que fundara en la década de los 70, Cantores de Híspalis. Se fue Pascual González a cantar en otra dimensión, a hacer inmortal su música, su modo de vida.

Quizá lo más leído estos días haya sido la añoranza de un pregón que no llegó, el de la Semana Santa de Sevilla. La elección de un pregonero es algo circunstancial, subjetivo y, bajo mi punto de vista, no tiene sentido levantar el dedo acusador. Él fue elegido para pregonar perpetuamente, más allá de Sevilla. “Prefiero ser pregonero eterno” dijo él mismo hace unos meses en una entrevista realizada en una televisión de su ciudad. Con un don admirable para hilvanar palabras y con ellas glosar las tradiciones de su Híspalis natal, escribió letras con las que llevaba a bailar y bailar cantando la alegría de la gente de su tierra. Nos invitó a tocar las palmas haciendo un recorrido por Galicia, Navarra, Valencia o Castilla y a disfrutar de la feria del caballo de Jerez cuando llega mayo; compuso a Huelva, queriendo cruzar la bahía y sin olvidarse de la Virgen de la Cinta o a Málaga y su Esperanza del Perchel. Tampoco faltó la música para Córdoba en una bella pieza . Destacaba por transmitir la idiosincrasia del pueblo andaluz recordando las fiestas de Andalucía y pidiendo que no faltara de “ná”.

 

Como cofrade dio a conocer las hermandades de Sevilla, especialmente la suya: San Benito. Guardo entre mis recuerdos una imagen en la capital andaluza, la de aquel sábado de diciembre de mil novecientos noventa y cuatro cuando tras la coronación de la Virgen de la Encarnación, salía el palio de la catedral hispalense por la puerta de San Miguel. Justo delante de este, un fiel hermano, Pascual González, que como no podía ser de otra manera había compuesto el Himno de la Coronación y que al año siguiente pronunciaría la Exaltación a su titular. Estos versos son una pequeña muestra del amor que le profesaba: Madre de la Encarnación / Tu corona no es de oro / ni de joyas, ni de perlas, / Tu corona es San Benito / de la Calzada, Tu Iglesia, / devotos de Tus Dolores, / hijos de Tu realeza, / hermanos de capa blanca / cofrades de Tu tristeza, / penitentes nazarenos / de Tu bondad y paciencia, / Encarnación Soberana, / Encarnación Madre Nuestra, / con corona y sin corona, / siempre fuiste Nuestra Reina.

Pregonero de la Semana Santa de Utrera, de hermandades como la Hiniesta o los Gitanos, compositor de marchas, el mayor legado lo deja en las sevillanas que de nuevo se bailarán este año cuando regresen las ferias y con las que siempre permanecerá en la memoria de cuantos admiraron su obra.