Cuando hace un mes pronuncié el pregón a Santa María de la Merced, me proponían aparecer como figurante en la representación que preparaban para el día 21 de octubre sobre la vida de San Pedro Nolasco. Acepté complacida a la propuesta ya que el teatro me apasiona. Lo que no podía imaginar era que esta sugerencia me iba a hacer disfrutar tanto.
Conocía la obra porque ya la había visto representada cuando, hace cuatro años, con motivo de la celebración del octavo centenario de la fundación de la Orden Mercedaria, se puso en escena en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced. En aquella ocasión me impactó la representación. El texto, una adaptación sobre la obra de Lope de Vega, permitía dar a conocer la figura de este santo fundador. En esta ocasión, vivirla desde dentro, me ha hecho participar de una experiencia extraordinaria.
El pasado viernes, con un lleno absoluto en las dos funciones, se ofrecía el resultado del trabajo realizado de manera desinteresada por un buen grupo de personas que hemos podido disfrutar de un inmejorable ambiente durante el tiempo de ensayo. Una combinación de elementos que confluían bajo la dirección de Miguel Ángel de Abajo, alma mater de este proyecto, con excelentes resultados. No es fácil reunir a actores, figurantes, niños, músicos e incluso a una saetera en un mismo escenario y que cada elemento encaje con gran armonía; sin embargo, la profesionalidad del director y el trabajo callado de otros muchos que han colaborado en el soporte técnico, son los responsables de que se haya podido obtener el fruto en tan espléndido espectáculo.
La obra estremece desde la primera escena, cuando se visualiza el desconsuelo y la amargura en la que vivían los cristianos cautivos del siglo XIII; magistral la actuación de Mari Carmen y Pablo, madre e hijo en la vida real, mostrando a una madre con su hijo pequeño estando presos. Un momento para reflexionar también sobre las esclavitudes de nuestros días, que aunque diferentes, nos atan y no nos dejan ser libres. Y soberbio el papel de todos los actores, desde San Pedro Nolasco y la Virgen de la Merced hasta el último de ellos, que sin ser profesionales, merecen el mayor de los reconocimientos por la magnífica ejecución de los personajes que les tocaba caracterizar.
Nada de esto habría sido posible sin el respaldo de una Hermandad como la de la Merced, que una vez más demuestra que está viva y que es ejemplo de soporte cultural. Mi reconocimiento a este tipo de iniciativas que enriquecen a nivel personal, social, formativo… y que merecen todo el apoyo institucional.
Concluyo con los versos que dediqué en mi pregón del pasado mes de septiembre al santo fundador de la Orden de la Merced:
¡Qué suerte que aparecieras
en sueños a Pedro Nolasco,
animándolo en la hazaña
de salvar cautivos cristianos!
El Papa Gregorio IX
lo nombró Superior General
de la Orden que fundara
con aquel grupo inicial.
Pienso que no fue leyenda
y aunque lo fuera, da igual,
con tantas preocupaciones
por quitar la cautividad,
el rayo que entró en la celda
vino a Nolasco a inquietar;
pues llamaban a maitines
en el antiguo hospital,
cuando los frailes dormían
y no podían escuchar
la campana que avisaba
del rezo al alborear.
Allí sentada la Virgen,
en el sillón principal,
esperaba al buen Nolasco
que no podía reaccionar.
Desde entonces y hasta ahora,
presidiendo en comunidad
los coros de tus conventos
te podemos admirar.
Que eres el centro, Merced,
nadie lo puede negar;
sigue rezando por todos
los que no tienen libertad
en tantas esclavitudes
que tiene el mundo actual.







