(Homo)fobia electoral


Igual se consigue rizar el rizo y se acaba provocando la exclusión dentro del mensaje salvífico. Lo digo porque no todos los homosexuales son Caprile o Delfín

A la misma hora, más o menos, que en la puerta de Capitulares parte de los munícipes condenaban un crimen homófobo que ha resultado no serlo exclusivamente – ay, las investigaciones policiales no están para las masas impacientes- en Madrid, en el mismo circo montado  que en el resto de España y con sucursal de media pista en Córdoba, a Ayuso se le tildaba de fascista y se le avisaba de que estaba en una lista. Lo cual puede que no suponga una amenaza de carácter homófobo pero amenaza  desde luego que lo es. Hoy sabemos que el muchacho asesinado a golpes era un chico cristiano y prudente, de los que viven su intimidad con resguardo y respeto. El respeto que pidió su familia y que no se le ha dado, porque había que usar a Samuel para la causa que es la de criminalizar a otros que no tienen nada que ver. A ese juego sucio se han prestado los que han acudido.

Que parte del centro derecha o de la derecha abrace la causa LGTB es un problema serio por cuanto desdibuja los principios ideológicos de estas formaciones, pero sobre todo se arriesgan a que los apaleen y encima no les voten. En Ciudadanos han sufrido en tiempo récord ambas cosas. Les pegan en las cabalgatas – y ellos, como mártires arcoíris insisten en volver a participar– y ya no les votan ni en Chueca, suponiendo que alguna vez les votaran allí. No sé  si Fran Carrillo articulará algún discurso al respecto y tirará de su formación académica de historiador para recordar la tradicional homofobia comunista, como sí han hecho en VOX en plan Trivial Pursuit.

Digo que es un problema serio porque lo LGTB no es ‘pro’ sino ‘anti’. No seré yo el que recuerde o repita o informe que el movimiento es lobby, es político y es marxista o de izquierdas. Los homosexuales de derechas no caben en él porque les ocurre como a los de Ciudadanos: les pegan. O les insultan. Es como el feminismo oficial y subvencionado: si la agraviada es un cargo del PP, se le hace un Cifuentes en la hoguera. Quiero decir que el circo montado el pasado lunes, también en Córdoba, es una movida antihomofobia pero siempre excluyente como lo es lo LGTB, que te dice cómo y de qué manera debes abrazar su causa a riesgo de que te tachen, no de maricón obviamente – palabra castellana- pero sí de gay desafecto o directamente machito fascista. Qué difícil es vivir en este mundo de seres autoproclamados superiores moralmente. Todo está lleno de censores y de dedos señalándote.

De todas maneras de tanto manosear los conceptos y las entrepiernas- bajos corporales en los que se articulan actualmente, por lo visto, las administraciones públicas-  que digo yo que igual se consigue rizar el rizo y  se acaba provocando la exclusión dentro del mensaje salvífico. Lo apunto porque no todos los homosexuales son Caprile o Delfín y se acaba asociando lo gay con el glamour exclusivamente y nos olvidamos de los verdaderamente excluidos, los que no llegan a fin de mes, los hombres (y mujeres) homosexuales que igual tienen una vida normal y aburrida como la mayoría de nosotros y pueden estar bastante hartos de que se les quiera ver en una pasarela Cibeles o en Tele 5. Si por lo que se lucha es por la normalidad no os fijéis siempre en la brillantina y las plumas sino en aquellos anónimos golpeados por la crisis o por la soledad y  que son además excelentes curritos, amigos y vecinos. Hace treinta años o un poco más no había fotos con glamour cuando el sida azotaba. En las escasas instantáneas de la época solo se veían religiosos y religiosas abrazando a los enfermos, en muchos casos moribundos. Pintaban bastos con el virus y se vieron solos y abandonados, sin cabalgatas ni macetas multicolor.

Albás, Caprile y Delfín

Los humanos no nos relacionamos solo por la entrepierna o con lo que con ella se haga, por mucho que insistan. A la mayoría le importa una higa. Recordamos aquí el estruendoso silencio social de cuando el cantante malagueño Pablo Alborán salió del armario: el bostezo generalizado se oyó hasta en Irán, donde los muchachos reunidos el otro día en Capitulares sí pueden tener  miedo porque allí- en Irán, no en Capitulares- los tiran por las azoteas de manera expeditiva. A los gais, sí. También tienen la modalidad de ahorcamiento público con grúa. Lo podéis ver en el Youtube.

Esto- lo musulmán– también lo hemos recordado en más de una ocasión, pero prefieren seguir vendiéndonos la burra de que en España se les persigue. Ellos, que sí persiguen a los que no están en su arco ideológico. Que los insultan. Que los amenazan. Que los calumnian. Y que los acongojan, ciertamente. Por eso algunos acuden a sus circos, por miedo a la homofobia electoral del qué dirán.