La luz en un mismo día


Hacer en estos tiempos un espectáculo de luz se nos antoja, desde luego, un lujo

El pasado miércoles la tarifa eléctrica fue objeto de análisis en el Ayuntamiento de Córdoba desde dos puntos de vista distintos. O quizá el mismo, que básicamente confluye en lo elevado del precio. Para Pedro García, portavoz de Izquierda Unida, el precio es preocupante por cuanto puede afectar al futuro espectáculo de luz y sonido del Alcázar. Hacer en estos tiempos un espectáculo de luz se nos antoja, desde luego, un lujo. Mejor hacerlo solo de sonido y a ser posible sin enchufes. De manera acústica, unplugged y transversal. “En este país ya sabemos que la luz baja todos los días”, comentó el señor García con la ironía que suele caracterizar a sus intervenciones, y olvidando deliberadamente que su formación política participa en un Gobierno nacional que será recordado por los precios astronómicos de la energía y todo lo que esto supone, repercutido, en el IPC, la inflación y el manso.

Por su parte, Eva Contador, responsable popular de los servicios sociales municipales, desglosó las cifras que el consistorio ha empleado en ayudas para hacer frente al recibo de las familias que menos tienen, que a este paso seremos casi todas. En mi barrio de ahora nos llevamos la palma, por cierto, lo cual me crea cierto desasosiego porque no vaya a ser que sin saberlo esté contribuyendo desaforadamente al cambio climático, yo, que no enchufo ni la tele ni el lavavajillas y solo cocino una vez al día. Y encima sin pedir auxilio social.

El caso es que la señora Contador, con cierta resignación y mucha educación y prudencia, realizaba un llamamiento al Gobierno de Sánchez (y de sus socios unidos) para que tome cartas en el asunto, porque uno llega hasta donde llega. Y en este caso el Ayuntamiento hace lo que puede, que no es poco. El Gobierno de Sánchez es posible que haga oídos sordos al requerimiento porque está en otras cosas: causas generales contra la Iglesia, festivales de Benidorm y mascarillas sujetas a las pensiones y a nuestras bocas ya de por sí calladas.

Y así llegamos a un curioso estado de las cosas y los recibos. Mientras la izquierda (o lo que eso, a estas alturas de siglo, suponga) se permite ironizar sobre lo que tiene directa o colateral responsabilidad y machaca los bolsillos, la derecha (o el centro voluble en este momento de la década) se dedica a ayudar a los parias de la tierra, la famélica legión de gente que curiosamente mañana no tendrán empacho en votar de nuevo a los que les condenan a la ruina y  a los mocos.

Fueron dos posturas diferentes sobre la factura de la luz en un mismo día: una desde el habitual desahogo de la superioridad moral y la otra, la de los pagadores de ese desahogo. Todos nosotros, a la postre.