Y un concejal de Cuenca que pasara por allí


El Cordobés ha sobrevivido a Benítez y ahora, con el pelo blanco, se ríe de la vida y de los protocolos

Pedro Balañá llamaba ‘Kennedy’ a Manuel Benítez El Cordobés. Manuel Benítez lo recordó el pasado jueves en la presentación de su propia fundación en Bodegas Campos. El Cordobés volvió a narrar el encontronazo que tuvo con el empresario catalán en Linares – el Roures taurino de la época-  porque Benítez le pidió dinero por adelantado para comprarse un Land Rover. Balañá amenazó con no contratarle más y tiempo después cuando, arrepentido, trataba telefónicamente de concertarle varios festejos al diestro , a cada llamada Benítez le subía 25.000 pesetas. En la versión de hace algunos años El Cordobés hablaba de 5.000 duros, pero se ve que ha actualizado la anécdota para que la entienda el respetable mejor.

En cualquier caso y dada la media de edad del público que se reunió la noche del jueves en el acto, si hubiera hablado en sestercios también lo habrían entendido. La afición taurina cordobesa ha envejecido y si hay una nueva y joven– que me dicen que sí- allí no estaba. Tampoco estaban los aficionados. O cuando menos estaban los mismos de siempre y los que fueron los de siempre y que siguen concitando cierto interés, como Rafael Gómez Sandokán, que nos recuerda a una época divertida de cojonudismo urbanizador. Si por allí hubiera asomado Rosa Aguilar también habría que agradecerle a Javier Martín la patente de la máquina del tiempo, porque en gran parte aquello era la foto fija de una Córdoba que ya no es.

Javier Martín, además de presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Montilla Moriles, es el secretario de la Fundación ‘Manuel Benítez’ y un maestro libertario de ceremonias. Quiero decir que Martín se salta el protocolo como la rana Benítez y lo mismo llama al estrado al delegado Repullo como a un concejal de Cuenca que pasara por la calle Lineros. Martín es un dandi, pero su dandismo es ácrata y espontáneo, que es un adjetivo que quería meter en este contexto.

A pesar de que la fundación se dirige a los jóvenes matadores que quieran hacer carrera la juventud, ya digo, brillaba por su ausencia. Hay cierto aire rancio en el taurinismo cordobés que nada tiene que ver con algunos taurinos jóvenes que leen, escriben y van a los bares bonitos y de moda, no rancios. Después tenemos rancios con chepa que no han alcanzado la cincuentena, pero eso es el peso del cargo y otro cantar. También tenemos milagros de la naturaleza como José María Montilla que era un señor mayor hace treinta años y que en 2022 sigue siendo un señor mayor con aura de formol. El propio Benítez, a sus 85 años, es otro milagro de lozanía moderada y alegría de vivir. El secreto de la eterna juventud que busca Sánchez Dragó a base de viagras nunca lo encontrará porque ese elixir consiste en ser un mito, un icono. Y Benítez es un mito viviente de los 60. Es un icono pop. Es toda una época en sí mismo. Es la portada de Life y la llegada a la Luna en una noche de julio. Benítez es el seisceintos y el Mercedes que solo los ricos podían comprar. El Cordobés ha sobrevivido a Benítez y ahora, con el pelo blanco, se ríe de la vida y de los protocolos, por eso lo presenta Javier Martín.

Al desarrollo del acto  todo el mundo llegó tarde. Antonio Repullo llegó tarde. El alcalde llegó tarde. Las agendas. Finito llegó tarde, pero se debió a una avería en el coche. Confesó que Arancha había hecho de mecánica improvisada. Igual por eso.

Hace tiempo que cuando veo a Finito me acuerdo de Michael Jackson o, cuando menos, de su cirujano plástico. Más cornadas da la vida y el quirófano de la estética. Si Benítez tiene el pelo blanco Finito viste una nariz distinta al Juan Serrano de la alternativa. Si en vez de bronceado como está fuera de color gris perla me lo imagino cantando Billy Jean. No obstante es el signo de los tiempos, incluso de los nuevos tiempos taurinos que ya no existen, porque la tauromaquia es un recuerdo que persiste y resiste a los veganos, a los animalistas y a los gilipollas. Por eso es bueno una fundación para cuando ya no queden plazas, ni matadores, ni toreros con bótox.

Aunque todavía no se había servido el vino, hubo un momento de exaltación a la amistad con solicitudes y promesas para Benítez de nombramientos varios: hijo predilecto de Andalucía y adoptivo de Córdoba. Nadie pidió un Goya retroactivo por ‘Aprendiendo a morir’ o ‘Chantaje a un torero’ y hubiera estado bonito porque a esa hora de la tarde noche el acto rezumaba peloteo del bueno y sobes institucionales. El Cordobés se reía. Benítez siempre se ríe.

Por eso es un Califa.  Y ha estado en la Casa Blanca. Y tiene tres portadas en Life. Desde esta semana,  también una fundación para su legado y los futuros toreros inclusivos.