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El equipo de gobierno dio por zanjado el asunto, defendió el pacto de gobernabilidad y aquí paz y después gloria

Si creía que el regreso del último veraneo antes del fin de la abundancia iba a estar acompañado del síndrome postvacacional, el señor Dorado, exedil de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Córdoba, ha venido para paliar esa depresión burguesa de socialdemocracia acomodada. Porque el pasado lunes, mientras usted empezaba a pensar cómo colocar en un par de días las sombrillas dentro del coche, al niño con la tablet, las tres neveras playeras, las maletas grandes, las bolsas chinas de mano y el patín eléctrico, nuestro hombre municipal se dejaba caer con un vídeo en el que narraba- de nuevo-los hechos que le llevaban hacia la irrevocable decisión de un hasta luego Lucas. Y en las redes sociales, o sea.

Seguramente usted en ese momento estaba viendo a una señora  mayor en bikini haciendo un playback muy gracioso en el Tik Tok o la última hora merengue del Marca, y es posible que el vídeo del señor Dorado le pasara desapercibido. Incluso es probable que esté leyendo esto ahora y no sepa sobre qué puñetera cosa le estoy escribiendo. A eso mismo se refería otro edil cordobés, el señor Torrico, respecto a este asunto: a la opinión pública esto se la refanfinfla. Es un asunto menor como menores eran los contratos objeto de la polémica y posterior investigación judicial. Quiero decir, y seguramente el señor Torrico también, que estamos en la Andalucía de los ERE y a pesar de ello  hemos abrazado el socialismo en reiteradas ocasiones y ahora nos preocupa la edad del condenado Griñán para indultarlo por razones humanitarias y porque la corrupción de izquierdas se practica pensando en el bien común. Con lo cual, unos contratos por luminarias son pelillos a la mar. Ni eso es presunta ni secretario municipal que lo fundara. 

Evidentemente no lo ha visto así el señor Dorado que se ha sentido agraviado y engañado incluso por sus propios compañeros de partido. Y desde el lunes al miércoles, en 48 horas, se retractó de su marcha, se reafirmó  en su dimisióny se piró. En realidad fue un ejercicio ignaciano lo que otros han querido ver como una ida de pinza: la memoria del señor exportavoz recordó los agravios, la voluntad le pidió buscar justicia desde su trabajo ya civil y el entendimiento quizá anduviera un poco gris, pero eso es lo habitual en política.

El equipo de gobierno dio por zanjado el asunto, defendió el pacto de gobernabilidad y aquí paz y después gloria. No obstante, es posible que la brecha abierta por el ex edil naranja complique un poco la cosa de aquí a mayo. La cara del alcalde, en lo que a expresión corporal se refiere, así lo anticipa. El gobierno municipal ha ido encanijándose durante el mandato y siempre por el mismo lado o sector, o sea, el de Ciudadanos, un partido que ya no es. Lo que quiere decir que se tiene un pacto con la nada. Fue Parménides el que sostuvo que  solo el ser es y el no ser no es, pero en Ciudadanos ya no está Girauta- aunque lo traemos el día 15 para hablar de su libro- y en el PP no han leído a los presocráticos porque ellos son más de gestión sofista. 

Es curioso comprobar cómo hace unos años había mucha obsesión por debilitar a los naranjas y recuperar los votos huidos. Esa misión, ahora conseguida, ha acabado por promover algunos dolores de cabeza cordobeses que, eso sí, se palian con el ibuprofeno Moreno y su mayoría absoluta, la mejor demostración de que hay quienes saben de qué va la política porque llevan toda su vida en ella y quienes, a pesar de las buenas intenciones, pagan como advenedizos los que sus primos mayores convierten en un puro entretenimiento, aunque sea con las potencias del alma tendida al sol del Youtube. 

Como el entretenimiento que nos ha ofrecido el señor Dorado en estos últimos días para que la vuelta al cole nos resultara más leve. Y el resto del mandato con Vox viéndolas venir con una sonrisa brillante que hace «clin».