Movilidad insostenible


Hace unas semanas fui atropellado por la bici de una señorita físicamente no normativa.

El tipo iba por Ronda de los Tejares como el Holandés Errante. Oscuro, silencioso, siniestro. Vestía de negro como los camareros y seguramente lo era. Su patinete surcaba el asfalto camino de Colón por el carril central. No el de la derecha, no. El de sus testículos, que es el carril que suelen pillar los patines o vehículos de movilidad personal, que como su propio eufemismo indica, es personal pero de la cintura para abajo. Lo vimos por casualidad porque el navegante no llevaba luz roja trasera ni piloto en el casco ni casco siquiera. Si la presbicia no la portara tras las lupas progresivas, me como al maromo y ya tengo el día echado.

Hay ordenanzas municipales que regulan esto, o pretenden hacerlo. Pronto, además , estaremos en una semana de la Movilidad que es didáctica e incluso doctrinal, ya que abraza los postulados de la Iglesia del Milenarismo Climático y trata de evangelizarnos en el uso de la bolsa reciclable del supermercado, la separación de residuos- más vigilada que la separación de poderes- y la culpita del pecado original por ser humano que produce desechos naturales que a su vez provocan todas las olas de calor de este verano. Llevamos suficientes semanas de la movilidad, campañas de compost de Sadeco y desayunos molineros como para estar educados, pero no: ahí tenemos al Holandés Errante camino de la Fuensanta sobre la capa asfáltica que absorbe los sonidos y la educación vial. Y con el móvil en la mano, por supuesto.

Hace unas semanas fui atropellado por la bici de una señorita físicamente no normativa. Me vi obligado a caminar unos metros por el carril bici dado que en Ollerías hay una obra de viviendas de dos y tres dormitorios que cuando acaba tendrá más dependencias que Buckingham Palace, inmueble que traigo a colación para sumarme al luto británico de Juanma Moreno. De repente sentí un golpe sobre mi brazo y un pinchazo por la espalda, como si me hubiera llegado un aviso de Hacienda. Pero era una bici atómica conducida por una chica sostenible que casi me elimina del listado de contribuyentes. Los de los patines van más lanzados y eso que está cara la luz, así que habrá que ver si los recargan en la toma comunitaria de una plantación indoor de marihuana. Si se conduce como se vive, no solo nosotros los contaminadores climáticos contribuimos a la desaparición de los polos, la subida del nivel del mar y la cuenta de explotación de Greenpeace, sino que los muchachos, muchachas y muchaches de los vehículos no contaminantes demuestran una falta de educación, empatía, sororidad, prudencia y movilidad ciertamente insostenible.

Y el próximo se come el cárter de mi Peugeot, ya les aviso.