Escraches sostenibles


Va a hacer falta mucho más que la diplomacia y el intelecto.

Casi a la misma hora que de manera confortable departíamos con Juan Carlos Girauta en el remozado salón de actos del centro cultural Carmen Márquez Criado sobre la mediocridad, el sentimentalismo y agresividad de la izquierda, la izquierda daba buena cuenta de su manera de entender la libertad de expresión que merece una mujer (¡Una mujer!) como Macarena Olona, para la que no hay sororidad ni integridad física porque es facha. Con la incomodidad añadida de tener que contar con custodia policial. En la Universidad de Granada se daba buena cuenta de lo que Girauta expone en el libro que presentaba en ese momento, de cómo están y son las nuevas generaciones, de su involución, su ira, su nivelito . La universidad es uno de los caldos de cultivo de esa basura. La de Granada lo demostró además con el cobarde comunicado que emitió – que tardó en publicar, y lo hizo seguramente forzada por la presión del suceso viralizado-  que de forma taimada tildaba de provocadora a Olona, comparando en igualdad y arteramente agresores y agredida.

En una reciente entrevista al flamante rector de la UCO, éste  aseguraba que cosas así no pasarían en el campus cordobés porque comportamientos como ese no pueden ocurrir ni en la Universidad ni en la democracia. No obstante, las universidades son responsables directas de la polarización, el sentimentalismo y la mediocridad que denuncia Girauta en su libro. Me comenta un amigo cómo en los últimos 5 años su universidad, pública y relativamente joven, en la que está de estudiante de su segundo posgrado, ha bajado el listón en los contenidos, está más preocupada de aplicar la Agenda 2030, tiene profesoras que solo le hablan en femenino en los emails, o cómo han pasado gran parte de un semestre  discutiendo en un foro el uso del lenguaje inclusivo. Obviamente en dicho foro al disidente no le ha servido para aumentar la calificación final, claro. Todo lo que respira mi amigo en su campus es izquierda wokista, desde las aulas, los planes de estudio y los manuales que los propios profesores escriben para consumir dentro de la misma universidad de manera onanista. Quitana Paz ayer se quejaba de la cobardía generalizada de los profesores – y me niego a usar ‘profesorado’- que se hace extensible no solo al personal docente sino en general: en las universidades, el que se mueve, ni sale en la foto ni promociona. Excuso decirles si solo defienden en ellas las lentejas administrativas: muerden por la emergencia climática.

El panorama es tan desolador como el espectáculo del escrache granadino. Y si lleváramos un marcador electrónico, la ultraderecha de VOX se ha llevado ya más galletas que los adalides de la democracia. En este caso el resultado abultado no significa ganar, precisamente Fascismo 5, Bolchevismo 0. Estuvo a punto de igualar de una tacada el negro de VOX, Bertrand Ndongo, que si le llega a dar un meco a uno que metía boca – en realidad todos lo hacían- lo envía al Albaicín volando en un solo viaje. Fue apartado por la policía nacional – el negro, no el escrachista- y nadie se ha quejado de racismo. Porque el racismo está justificado y es sostenible cuando un negro es de VOX.

Girauta propuso en su charla combatir todo esto del wokismo y la nueva izquierda con la técnica del espejo: confrontar con argumentos, lecturas y buen humor. Pero, como se ha visto en Granada y anteriormente en tantos sitios, va a hacer falta mucho más que la diplomacia y el intelecto. Habría que empezar por las urnas. Suponiendo que no las quemen antes del año que viene.