El ego y los votos


El alcohol del político es el poder. Aunque antes está el entrenamiento de la vanidad.

Es posible que dentro de unos años tengamos una medida exacta del paso de un cordobés por la escena política y ello nos lleve a la reflexión de que, hasta en política, las cosas se pueden hacer de otra manera si dejamos de darnos importancia a nosotros mismos. El pasado miércoles el secretario general del Partido Popular en Andalucía, el cordobés Antonio Repullo Milla– aunque nacido en Cádiz, cosa que marca- asistió al foro que organiza Asfaco para hablar de participación ciudadana y nueva política. A mí me tocó entrevistarlo porque además Antonio tuvo interés en ello y por supuesto es algo que hice encantado. Una entrevista-charla-ponencia en la que por defecto uno busca un titular y acaba encontrándose con otra cosa: un señor que no tiene intención de darlo porque él ha ido a explicar asuntos sin  el interés personal de focos ni trendings topics. En realidad el titular lo dio Antonio en el ejercicio humilde del que no lo busca, porque habló de los egos de sus colegas, los políticos en general, y de cómo, si domesticaran los yoes desatados, muchos problemas que sufrimos subsidiariamente se solucionarían. Más o menos el señor Repullo vino a decir que “si fuésemos capaces de controlar el ego de los políticos, tendríamos solucionado el 80% de los problemas de este país”, que para mí, personalmente, fue lo más mollar de casi todo lo que dijo don Antonio y eso que tocó muchos palos  interesantes en cuarenta minutos.

Rafael González y Antonio Repullo./Foto: Jesús Caparrós

Los salones donde se reúnen los alcohólicos anónimos están llenos de egos heridos en proceso de curación. El famoso programa de los doce pasos no es sino una rendición del ego desde el primero hasta el duodécimo. Los alcohólicos son anónimos no por vergüenza o deshonor, sino por mantener el ego atado. Ese fue el gran acierto de este movimiento que nació en EEUU en 1935. El famoso médico que lo inició, inspirado en los grupos cristianos ‘Oxford’, pasó a llamarse solamente Bill W. En alcohólicos anónimos conocen al enemigo y no es alcohol, sino el ego. Por eso nadie muestra su cara en televisión, ese acelerador de egos. Nadie da su nombre completo. Nadie es más importante que nadie. Y las reuniones son en torno a una mesa con funciones o servicios que van rotando: todos son iguales y todos forman un todo. Y así los egos se aplacan, se desaceleran, se reducen a pinchazos pequeños y esporádicos de ofensas que en realidad no lo son.

El alcohol del político es el poder. Aunque antes está el entrenamiento de la vanidad  cuando todos les escuchan porque les ponen un micrófono en la boca , todos le  hacen fotos aunque no tengan fotogenia, y les ríen los presupuestos, y las gracias y los menesterosos de siempre – que no los de verdad- les piden limosnas del erario público. Y ellos las dan casi levantando un teléfono y si el menesteroso ha sido lo suficientemente sumiso, amplían en el tiempo la dádiva. Y tras la antesala de la vanidad el ego ya ha recibido los suficientes masajes como para estar hinchado e incandescente. La soberbia es su gasolina. El juzgado, la cárcel, la destitución, el juicio de telediario y el posterior olvido, su meta más probable. Menos para Griñán, claro.

El ego destroza amistades, hermanos, matrimonios, empresas. Promueve separaciones y apostasías. El ego invade Ucrania y hace responder a otros egos occidentales y no mejores. Por eso el señor Repullo casi rubricó su charla hablando de lo mal que está eso de los egos. Cuando uno es secretario general de un partido, del que sea, sabe del tema y conoce el alcance del veneno. Si además es lo suficientemente humilde para que no se le suba a la cabeza el cargo, mucho más.

Tras el resultado electoral en Andalucía aprendimos bastante de egos y prudencias. Los egos fueron derrotados y la prudencia tuvo premio. Se es prudente cuando no te crees mejor que el adversario por ínfula de tu ego. Es más, sabes que también tu oponente te puede enseñar. En un partido político con enorme responsabilidad de Gobierno y con una mayoría que invita a los egos, Juanma puso al frente del mismo al hombre sin ego o cuando menos, con un memento mori en cada página de su agenda.

Lo malo es que el jodío de Blas Muñoz me robó el titular del evento del otro día.  Pero eso es mi ego quien lo dice. No le hagan mucho caso.