Lo peor de la sequía no es la falta de lluvias


En el sainete político no hay gestión ni soluciones

Cultivo agrícola en época de sequía.

Aunque suelen saltar las alarmas cuando afecta al consumo humano y el suministro de agua se regula ante la escasez de la misma- esta semana ha sido noticia Añora por eso- la falta de agua es un problema que afecta principalmente al sector primario (agricultura y ganadería) y que es el primero que avisa antes de los mapas en color rojo fosforito y las aprobaciones de  los decretos de sequía, que suelen llegar tarde porque mientras nuestro Gobierno prefiere regular los derechos de las mascotas, la normatividad de los cuerpos en la playa o ganarle a Franco la guerra civil, la vida y sus circunstancias es lo que pasa mientras el Ejecutivo está con su pose, propaganda y demagógicos decretos ley.

Solo por señalar la fecha más reciente, en febrero de este año desde Asaja Córdoba se ponía encima de la mesa una serie de medidas y advertencias relacionadas con la sequía y un consumo regulado más cabalmente de los recursos hídricos. Así, recordaban la necesidad la finalización de la zona regable del Genil-Cabra; la modernización de los riegos con toma directa del Guadalquivir y poder realizar nuevos riegos en el Guadajoz,  previstos en un anterior Plan Hidrológico, y advertían de nuevo sobre la importante cantidad de agua que acaba vertida en el mar. Respecto a esto último, desde la patronal agraria se era muy claro tanto en las soluciones aportadas como en señalar hacia parte del problema: solicitaban bombeos directos a balsas de aguas de escorrentía invernales, además de eliminar las trabas a la construcción de balsas y microembalses, “en muchos casos por la falta de coordinación entre la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) y las consejerías competentes en agricultura y medio ambiente”. Y ponían como ejemplo los riegos de Jauja, a los que la CHG les deniega la posibilidad de hacer una balsa con medios propios y bombear aguas de escorrentía del Genil, “aguas que se pierden al mar, lo cual es un sinsentido”.

Esto se avisaba allá por febrero. Hemos llegado a agosto y prácticamente no se ha hecho nada. En el sainete político no hay gestión ni soluciones. Mientras se tiran los trastos a la cabeza la empresa provincial de aguas, la Junta de Andalucía y la administración central – la Diputación, por ejemplo, acusa a la Junta de no haber dado aún los permisos para usar las conducciones para el bombeo de urgencia desde La Colada a Sierra Boyera- , la ganadería atraviesa una situación crítica en el norte de la provincia y la agricultura en general  mira hacia el cielo como única solución posible ante la incompetencia  administrativa.

Es posible que la lluvia, como siempre, acabe regando pantanos, campos y ciudades. Y que la sequía actual acabe en las hemerotecas y las estadísticas. Pero habremos comprobado una vez más que lo peor de la misma no es la falta de lluvias, sino la más absoluta dejadez pública hacia los problemas reales de aquellos a los que se les pide el voto cada cierto tiempo para, al final, no gestionar lo verdaderamente importante.