La Virgen y la lluvia


Las modas son así y los tiempos cambian aunque la devoción permanezca a pesar de todo.

El obispo e Ignacio Sierra ante la Virgen de la Fuensanta./Foto: Jesús Caparrós

Los cordobeses hemos recibido este año la festividad de la Fuensanta con ganas renovadas tras la pandemia y los titubeos de unas medidas profilácticas que, hasta el pasado año, no permitían una normalidad muy deseada. Aunque en otras ocasiones se ha puesto más el acento municipal en el famoso exvoto del caimán que en la titular y patrona cordobesa, la Virgen de la Fuensanta ha recibido la devoción y el cariño de miles de cordobeses que, curiosamente, no la eligen a Ella para nombrar a sus hijas: pocas Fuensantas encontramos en el censo local.

Las modas son así y los tiempos cambian aunque la devoción permanezca a pesar de todo. Los cambios – sobre todo los técnicos y científicos- nos han traído, por ejemplo, una  mayor capacidad predictiva en lo que a meteorología se refiere, pero sin embargo seguimos sin poder manejar el tiempo meteorológico a nuestro antojo. Afortunadamente, porque al hombre de hoy en día lo que más le gusta es jugar a ser Dios y siempre hay circunstancias y hechos que nos colocan en nuestro humilde sitio. Desde esa humildad, y también devoción, el obispo de Córdoba trasladaba a los sacerdotes y feligreses una tarea que no nada nueva ni rara en el catolicismo: rezar para que llueva. Y que se le pidiera a la Virgen para que intercediera ante el ruego. Las rogativas ad pretendam pluvia forman parte de la tradición y magisterio de la Iglesia y a ellas se recurren cuando la sequía golpea. Sin entrar en otro tipo de consideraciones o matices, rezar para pedir a Dios, para hablar con Él, es un ejercicio normal y necesario para cualquier creyente.

Pero en una sociedad secularizada y cada vez más alejada de lo espiritual – salvo para adorar a la madre Gaia y seguir ciertos chamanismos new ageque un obispo pida rogativas para que llueva es objeto de ridiculización y chanza, como hemos comprobado incluso en algunos medios locales. Curiosamente no lo es cuando un ruego similar se fomenta y realiza en el seno del Islam, más acostumbrados por cierto a largos periodos de sequía y paraísos mucho más secos y ocres. El respeto suele ir por barrios o confesiones, como ya sabemos.

La próxima semana parece ser que la lluvia llegará. Y sí, lo han sabido los científicos, los meteorólogos. Pero a los creyentes nadie podrá quitarle la satisfacción íntima de que, a su manera, han contribuido a ello. Y que desde la humildad que los que les critican no poseen, sus rezos han servido para el bien común, porque la lluvia lo es. Y que el año que viene, si Dios quiere, y la sequía ha pasado a las estadísticas, volverán a agradecer a la Virgen de la Fuensanta los favores recibidos.

Desde su inviolable, constitucional, salvaguardada y democrática libertad de culto. Aunque a algunos les parezca objeto de mofa.