El ciclo ‘España en Concordia’ que organiza este diario ha tenido la oportunidad de traer a Córdoba a una figura pública, relevante y disidente como es Juan Carlos Girauta. El abogado, periodista y escritor vino para presentar su libro, publicado por una editorial cordobesa (Sekotia, del grupo Almuzara) y explicar por qué la izquierda se ha hecho hegemónica- en la cultura y la manera de vivir- y por qué debemos plantarle cara a esa hegemonía y tratar de derrocarla. Y no para la derecha, como de manera simplista se podría creer, sino para salvar el verdadero progreso, la libertad auténtica, la convivencia necesaria entre diferentes y sobre todo, el Bien, que escrito así puede resultar petulante pero que no es una apreciación baladí.
Porque el Mal es objetivamente identificable a pesar de las maniobras de hipnotismo y camuflaje que desde esa ‘nueva izquierda’ – como Girauta la define- se aplican para que traguemos con ruedas de molino, que no otra cosa es la denominada ‘ventana de Overton’ a la que el autor también dedica amplia tipografía. Porque el Mal objetivo es querernos más pobres (sostenibles) y por tanto dependientes, en favor de la mentira de la emergencia climática. Porque el mal objetivo es el aborto, sea este ampliado en sus horrorosos supuestos o no, porque supone el asesinato de una vida humana. Porque el Mal objetivo es la violencia, ejercida como escrache o amparada dando el abrazo interesado a los terroristas que asesinaron a españoles. Porque el Mal objetivo es mentir a los ciudadanos y legislar a golpe de decreto ley, prostituyendo la voluntad popular y la esencia de la democracia liberal. Porque el Mal absoluto es adoctrinar en las escuelas a las nuevas generaciones- y las anteriores- robándoles el conocimiento, la capacidad de reflexión y la cultura. Porque el Mal absoluto es buscar la separación, la discordia y la pelea entre españoles usando las lenguas maternas, despreciando a los que no comparten su idea de nacionalismo excluyente.
Porque el Mal absoluto se puede disfrazar con muchas caras, usar un idioma propio y eufemístico, parecer que nos va a salvar de nosotros mismos a través de nobles causas. Pero no deja de ser el Mal. Y a eso parece que se han abonado las sociedades occidentales.
De eso, aunque con otros argumentos, se habló hace unos días en nuestra ciudad. Y de plantar batalla. Un batalla que merece la pena.







