El despilfarro es patrimonio, pero de Sánchez


Los socialistas, tan preocupados por los servicios públicos que se van a ver perjudicados, miran solo por los números que les interesan

pedro corbata
Pedro Sánchez. /Foto: LVC

Tras la supresión, esta semana, del impuesto de patrimonio y la presentación de la batería de otras rebajas fiscales por parte del presidente del ejecutivo andaluz, Juanma Moreno, hemos asistido a un río de declaraciones mántricas y calcadas que el PSOE, desde el cordobés al nacional, ha repetido en estos últimos días y cuyo argumento principal es que el PP favorece a los ricos y castiga a los pobres, ya que según los socialistas, las rentas superiores a 700.000 euros son las beneficiadas con la medida – y así es-  y de esas rentas  hay muy pocas en Andalucía. Es posible que el número de lo que los socialistas entienden por ricos sea pequeño en nuestra comunidad autónoma, porque en efecto, el socialismo se ha encargado de ello durante casi 40 años de mantenimiento de un statu quo funcionarial y de carné en el que los emprendedores solían irse fuera, los inversores venían sabiendo la cuota de colocación en sus empresas para según qué familias de rancia Casa del Pueblo, y aquí los que han hecho dinero son contados, pegados a  aquella Junta y con las vistas siempre a lugares donde invertir fuera más rentable, solvente y rápido.

Los socialistas, tan preocupados por los servicios públicos que se van a ver perjudicados- ya saben, que si la sanidad, que si las carretas, que la educación- miran solo por los números que les interesan. Hacia el despilfarro de su líder máximo Sánchez no dirigen ni la mirada ni la crítica. Normal:  forman parte del sistema de prebendas y gastos. El pasado mes de junio, en un excelente análisis en El Debate a cargo de José Ramón Riera, sabíamos que ese despilfarro se cifraba en 340.000 millones de euros, “20 millones todos los días en su verbena de gastos”, a pesar incluso de los récords de recaudación de la Agencia Tributaria. Eso hasta el mes de junio de este año.

Los nervios en el PSOE son evidentes, como evidente es el descontento de un pueblo, el español, que sufre cómo quieren hacerle tragar con ruedas de molino sostenibles, mientras comer o pagar la luz es cada vez más difícil para muchas familias. Prueba de ese nerviosismo, como apuntaba ayer el secretario general del PP andaluz, Antonio Repullo, “es el desembarco en estos días de cinco ministros para contrarrestar lo que la gente en la calle ve de manera positiva, que es una rebaja de impuestos”. Un Repullo que añadió algo muy cierto: “El gran problema de Pedro Sánchez, el gran problema del partido socialista, es que cuando iguala, siempre iguala para perjudicar a la gente. Nosotros pedimos que si tenemos que igualar, lo hagamos con Europa”, en referencia al tributo ahora eliminado, como en el resto de países del continente, donde ese impuesto no existe.

No vale por tanto, y los socialistas son conscientes de ello, cantar la milonga de los impuestos progresistas para reinvertirlos en los más necesitados cuando el rey del despilfarro se lo gasta en la amplia lista de asesores, en los numerosos ministerios inútiles para pagar a sus socios de Unidas Podemos – que a su vez llenan de nóminas de amiguetes y enchufados-, seguir soltando millones de euros a los vascos del PNV y proetarras para asegurarse el apoyo parlamentario y amenazar a la gente con recortes de luz y calefacción  para el invierno ‘por culpa de Putin’ y ese comodín útil para la idiocia que es el calentamiento global.

En Andalucía, desde esta semana, por lo menos caminamos más ligeros de presión y con un horizonte más halagüeño que el que se dibuja desde Madrid a golpe de Falcon.