El futuro del kiosco de prensa


Paulatinamente van cerrando y ofrecen a la vía pública el aspecto de un día festivo por la tarde

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Quiosco de prensa. /Foto: LVC

¿Cuánto tiempo hace que usted no ve a alguien por la calle con un periódico bajo el brazo? Lo que hace muy poco era una estampa común ahora se ha convertido en una rareza propia de otras épocas. Si vemos a una persona acercarse a un kiosco de prensa seguro que va a renovar el bonobús o a comprar chicles, pero no saldrá de allí con un diario.

Esta crisis, que el coronavirus, como tantas otras cosas, ha acelerado, se veía venir en el sector. Hace décadas que los medios digitales comenzaron a comer el terreno a los convencionales y esto tardaron demasiado en reaccionar.

A partir de ese momento se vio cómo a los kioscos de prensa ya no llegaban esos montones que animaban a uno a comprar dos o tres para echar una buena tarde de lectura. Las ventas comenzaron a menguar y los kiosqueros cordobeses, además, sufrían el monopolio de una distribuidora que no hacía más que prolongar su agonía.

Así, entre la crisis del sector y el comportamiento de la distribuidora comenzaron a cerrar sin que apenas se derramara una lágrimas por quienes tanto habían aportado a la vida urbana de Córdoba.

La portavoz de Podemos, Cristina Pedrajas, aportó el jueves pasado en el Pleno el dato de que ya hay cerrados más de la mitad de los kioscos de la capital, 26 de 50. La cifra ratifica lo que todos hemos visto en los últimos tiempos como un goteo constante sin que nadie dijera nada. Paulatinamente van cerrando y ofrecen a la vía pública el aspecto de un día festivo por la tarde. Ahora siguen ahí, cerrados, con la única utilidad de servir de soporte publicitario. Qué pena.

Son los propios kiosqueros los que se han dado cuente de que su papel ha cambiado en el mundo de hoy. Ahora sólo falta la adaptación al momento presente y para ello realizaron hace tiempo una serie de peticiones al Ayuntamiento que podría frenar esta sangría.

En concreto, pidieron a la Gerencia de Urbanismo que modificase la ordenanza que regula su actividad para que se adaptase a los nuevos tiempos, con la autorización de ventas de otros productos y así poder afrontar el futuro con algo más que alegría.

Pero parece que la cosa no es tan fácil. Esta modificación de la ordenanza no va a ser tan rápida como pretendían los kiosqueros, ya que, como esbozó el presidente de la Gerencia de Urbanismo, Salvador Fuentes, hay una serie de escollos por salvar que de momento retrasan su llegada a buen puerto. Buenos, pues que se solucione lo antes posible y que los kioscos vuelvan a abrir y sean algo de nuestros días y no del pasado.