Teresita


Tuvimos la suerte de tener dos madres y tres abuelas, porque ella siempre estaba allí

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Personas mayores./Foto: Junta de Andalucía

La mayor parte de las cosas verdaderamente importantes pasan antes de que te des cuenta de que están sucediendo. A veces ocurren al mismo tiempo, pero tampoco puedes hacer nada para retenerlas, como el agua que se escapa de las manos, y solo queda -en ese caso- disfrutar del instante cual si fuera definitivo.

Así se pasa la infancia, de la que luego solo queda una nebulosa de recuerdos y la herencia de normas impuestas (a veces, impostadas) que luego nos rigen de una forma u otra, en una suerte de acción-reacción. Y más rápido la adolescencia, la juventud y todo lo de después.

La vida pasa rápido, muy rápido. Y un día te das cuenta de que has cogido velocidad y vas sin frenos hacia el final. Entonces, disfrutar del viaje -como decía Kavafis– es más complejo, pero los recuerdos -cuando se tienen- lo hacen más llevadero.

Los hay de todo tipo, pero algunos tienen aun el aroma del pan caliente del desayuno, de la tierra moda, de la franela de aquellas sábanas. En definitiva de lo que nos retrotrae a la niñez y a la primera adolescencia. Cuando el tiempo corre más deprisa, ese tiempo se convierte en la patria perdida y se llena de rostros que ya solo volverás a materializar en tu memoria, que de paso es caprichosa.

A la mía regresa Teresita y todo lo que nos cuidó a mi hermano y a mí, cuando no éramos más que dos mocosos que se pasaban el día de pelea y risas a partes iguales. Tuvimos la suerte de tener dos madres y tres abuelas, porque ella siempre estaba allí, tras la puerta de al lado del descansillo de la escalera o tras la nuestra, para llamarnos y resolvernos cualquier problema. Por guardarme, me guardó hasta el secreto de aquellos primeros cigarrillos (parte de madre y parte de abuela).

Siempre hubo una sonrisa y jamás un mal gesto, porque en la vida -en muy contadas ocasiones- te cruzas con un ángel y ella el nuestro, el de la guarda. Hace poco que se fue, pero estoy seguro que está en el lugar donde siempre supe que estaría, con los otros ángeles.