Solo fueron dos


La realidad es que solo hubo dos ediles, mientras acostumbramos a ver a otros hasta en lo que se suele denominar “entierros de tercera”

dos
Paula Badanelli e Isidro Molina./Foto: BJ
Paula Badanelli e Isidro Molina./Foto: BJ

Siete años, tres meses y cinco días. Eso es lo que lleva la familia de Paco Molina, buscándolo. Todos esos días, con todas sus noches, encierran a quien busca en la peor de las prisiones, la de la incertidumbre. 

Una cárcel invisible, que no deja de ser tan cotidiana como la física y que, sin embargo, no permite otra cosa que la de alimentar la esperanza, para no desfallecer y seguir en el empeño. Es algo que no le desearía a nadie.

Debe ser -imagino- perder la vida de repente, para enfocarla en el hijo que se fue, o que se llevaron, y gastar cada átomo de fuerza en encontrarlo. Es una carrera de fondo, de angustias, de muchos sinsabores, de todas las soledades en las que se envuelve el pensamiento. Un auténtico infierno para quienes quedan tras el desaparecido, sufriendo una condena invisible que la sociedad apenas visualiza.

Y, cuando lo hace, se traduce en actos como el que hubo esta semana en el Colegio de Abogados, en el que analizaron la desaparición de Paco Molina hasta los investigadores del caso. Algo inusual, pero que muestra la implicación de las Fuerzas de Seguridad del Estado, el empeño de la familia y el apoyo de figuras como la del periodista Paco Lobatón.

Toda ayuda es poca y, uno da por hecho que el apoyo de las instituciones se plasma en eventos como este. Pero no es así. Sí lo hubo de la Abogacía cordobesa, con su decano a la cabeza. Y también lo materializaron los concejales de PSOE y Vox en el Ayuntamiento, Pepe Rojas y Paula Badanelli, que estuvieron presentes, para arropar -en la medida de lo posible- a la familia, que ya es mucho.

Ellos dos estuvieron, pero se echó en falta al resto del arco político municipal. Mandar a un concejal no parece que sea pedir demasiado, máxime en una época en la que la política se ha convertido en una pose de Instagram, donde nos hemos acostumbrado a ver a nuestros representantes públicos, más como influencers que como gestores, donde la pose es perfecta y el mensaje, cortito y al pie, destinado a un público poco avezado.

La realidad es que solo hubo dos ediles, mientras acostumbramos a ver a otros hasta en lo que se suele denominar “entierros de tercera”, en actos que no dan la categoría de tal ni para que el organiza. Pero figuran más y no se acompaña a gente triste, sino sonriente, que luce más en Instagram.