La “genial” idea del control de precios


¿Cómo no se nos había ocurrido antes?

“Es difícil imaginar una manera más tonta o peligrosa de tomar las decisiones que encargarlas a las personas que no pagan el precio por equivocarse.”

Thomas Sowell

 

Los controles de precios no pueden frenar la inflación. Son siempre perjudiciales. Los controles de precios simplemente reducen o eliminan los márgenes de beneficio operativo antes de impuestos, confunden al productor y conducen a la aparición de cuellos de botella y escasez. Todo control de precios y salarios por parte del gobierno, es simplemente un intento por parte de los políticos de echar la culpa de la inflación a los intermediarios de la cadena de valor en lugar de echársela a sus propias políticas monetarias y fiscales. Dicho lo cual, vamos a analizar si realmente los supermercados son aquellos malvados especuladores que aprovechándose de la coyuntura económica actual se forran a costa de los consumidores.

En las últimas semanas, el debate acerca del control de precios de productos básicos y de primera necesidad está más presente que nunca en la opinión pública. El gobierno argumenta que no es de recibo que las grandes superficies y grandes supermercados provoquen ingentes incrementos de los precios, ya que, desde el origen hasta el destino el precio de los productos se eleva, de media, entorno al 300%, 400% o 500%. ¿Es cierto que los grandes supermercados como Mercadona o Carrefour estén embolsándose insultantes cifras de beneficios a costa de los consumidores finales y los productores en origen?

El argumento y lógica económica del control de precios no pertenece a una idea innovadora y moderna, sino que, pertenece a una vieja historia, la cual, se ha ejecutado en infinidad de ocasiones teniendo como consecuencia; escasez, hambrunas y desabastecimiento, es decir, la ruina absoluta. ¿Por qué entonces querrían implementar este tipo de políticas el gobierno de turno en nuestra economía? Porque es una medida bastante golosa de cara al electorado presente y potencial. ¿A quién no le gustaría que le dijeran que a partir de mañana todo lo que consume va a costar la mitad? A prácticamente todo el mundo le parecería bien, las consecuencias… Son otra cosa.

Lo que parece no entender este gobierno, es que la cadena de valor desde el origen hasta el destino es larguísima y muy costosa. A medida que el proceso avanza por dicha cadena se le va adhiriendo más y más valor, que, a su vez, se traduce en un mayor precio. El argumento de que grandes supermercados como Mercadona o Carrefour se forran a nuestra costa es fácilmente refutable con los siguientes datos;

 

  • Mercadona obtiene un margen unitario medio de 0,032 céntimos por cada euro que vende al consumidor final.
  • Carrefour obtiene un margen unitario medio de 0,020 céntimos por cada euro que vende al consumidor final.
  • Carrefour ha tenido que vender en lo que llevamos de 2022 más de 5.000 millones de euros más para generar solamente 70 millones de beneficio operativo antes de impuestos.
  • Los 0,032 céntimos que percibe Mercadona suponen el margen unitario medio más alto de todos los supermercados a nivel nacional, es decir, Mercadona es el supermercado más rentable de todos

 

Tras analizar todos estos datos, podemos observar que la política de negocio empleada por empresas de esta índole se basa en ajustar, lo máximo posible, el precio de venta final a los costes y que así la ganancia unitaria sea más baja, para así poder vender muchas unidades. Como consecuencia de lo anterior, la rotación de capital crece y el inventario se revende una y otra vez a lo largo del año. Vulgarmente para que lo entendáis, empresas como Mercadona o Carrefour “venden a volumen”, es decir, su negocio se concentra en el volumen y no en el margen unitario que ya hemos podido comprobar que es tremendamente mínimo.

Conclusión: no es cierto que los grandes supermercados e intermediarios de la cadena de valor se estén haciendo ricos. Que tanto productores como consumidores finales deseen obtener mayor beneficio en la compra o en la venta no significa que los intermediarios de la cadena se estén haciendo millonarios. Los productores reclaman mayores precios de venta y los consumidores menores precios de compra, pero… ¿Por qué tanto productores como consumidores finales no reclaman menos regulaciones para el campo, menos impuestos para los salarios o que se deflacte correctamente el IRPF? Saquen ustedes sus propias conclusiones.