Mi abuela


Entré e hice lo que hacía mi abuela: la visita al Señor

Una de las imágenes que recuerdo de cuando era pequeño es la visita al Señor que todas las tardes hacía mi abuela en la iglesia de al lado de casa. «Me voy a hacer a hacer la visita el Señor», decía ella. Me sonaba rarísimo eso de hacer una visita a un señor que no se veía y sobre todo aburridísimo.
Consideraba que era una de esas costumbres de viejos que no tenían otra cosa más importante que hacer. ¡Yo sí que hacía cosas importantes! . Disfrutaba a tope con mis juguetes.

Hace poco, saliendo de una convención del clásico hotel en el centro de la ciudad después toda una larga jornada de charlas fiscales, de camino al coche, me topé con una bella iglesia que no conocía, San Marcos. Entré e hice lo que hacía mi abuela: la visita al Señor. Cualquiera de mis colegas asesores que me hubiera visto entrar en la iglesia, después de unas charlas tan útiles y enjundiosas, hubiera puesto la misma objeción que yo en su día puse a mi abuela: ¿Qué hace ese yendo ver a un señor invisible? Sin embargo salí “más a gusto que un arbusto”.
¿Qué ha cambiado? Lo que ha cambiado es toda una vida que ahora sí entra dentro de esa relación con este extraño Señor. Con razón se le llama el Señor de la vida. Y qué Señor. Pura ternura. Cuánta razón tenía mi abuela.

 
 
Abrazo y gracias mil