Flow


Finance - flow, un invento financiero de banda con sensibilidad social.

Primer lunes mes de septiembre. Comienzo el curso físicamente un poco cansado después de la increíble intensidad de las vacaciones de Bocatas, tanto de las normales como de las hippies y del Meeting de Rimini, una feria cultural increíble que se realiza desde hace muchos años en Italia a finales del mes de agosto.      

El domingo por la tarde, día anterior, mi madre me pone la banderilla: me pide que les acompañe a ella y a mi padre, que tiene Alzheimer, al médico. ¡Bendito Alzheimer! Desde que mi padre padece esta enfermedad ha pasado de ser un señor de fuerte temperamento a un chiquillo bondadoso.

Ese mismo lunes una amiga, que sufre una enfermedad gravísima, me reclama el favor de conseguirle unas llaves de su casa en poder de un amigo común y de rezar una novena a San José. (Justo a la hora de repasar este artículo, acaba de fallecer, justo el noveno día de la novena a San José que nos encargó a los amigos, patrón de la buena muerte).

El WhatsApp arde. Angelito me escribe diciéndome que no soporta más a Harry Potter, a quien acoge con pura gratuidad cada vez que aparece por los madriles. Un amigo me manda un enlace a unas bellas palabras que ha escrito el Potter en un video de YouTube del canal de bocatas. Potter me manda un audio diciendo que el Angelito le está tratando mal. Mi amigo Pepe tetrapléjico, me responde que sigue en el hospital, donde se ha tirado todo el verano ingresado por infección No he ido todavía ni un solo día a visitarlo.

Prosigue el día y una cliente italiana me escribe reclamando informes de una sociedad. Vuelvo del médico con mis padres y la contesto diciendo que a lo largo de la semana se lo envío. A finales de esta semana tengo una inspección importante de un cliente y es a lo que dedico ese par de horas que me quedan de la mañana.

Más WhatsApp: hay que pasar por Supercor de Marqués de Lozoya a recoger papeo para la asociación y Aniceto, un bondadoso chalado de Bocatas, se pone en contacto conmigo porque necesita instalar en su ordenador un programa para buscar empleo. Mientras tanto Juan, de la casa de acogida, me confirma que él puede pasarse por el resto de Supercor a recoger alimentos y Leo y Jose, miembros de una preciosa asociación, me piden permiso para pasar a recoger algo de leche para arrancar el curso.

Minutos después, la encargada de voluntarios de una universidad de la que vienen a mansalva, nos confirma que nos ayuda este curso pero que el próximo ya veremos porque las cosas en bocatas no funcionan bien. También se ponen en contacto conmigo Henar, Anita Feng y algún voluntario nuevo que quiere empezar a ayudarnos. 

Ya por la tarde, salgo de casa prometiendo a mi compañero que llegaré a cenar un poco más tarde de la hora habitual, y voy a por una amiga. Luego recojo los alimentos del Supercor, se los reparto a Leo y a Jose y guardo huevos para la cena del viernes en Cañada Real con los yonquis a donde vamos desde hace ya 27 años.

A las 19.30 asisto a una reunión de Bocatas que acaba empezando a las 19.50. Allí me cruzo con el chef de Bocatas que está también un poco quemado por no se qué de la organización en Bocatas. La reunión es para reorganizar toda la documentación que ha empezado a pedir el Banco de alimentos. Se han vuelto chalados perdidos: «…se debe solicitar y guardar toda la información relevante para la valoración: NIF/NIE, pasaporte, certificado de empadronamiento, libro de familia, ingresos acreditados, certificado de inscripción en el SEPE, nóminas o ayudas recibidas, saldos bancarios, contratos de alquiler, recibos de hipoteca, etc. » Pidiendo todo esto a inmigrantes sin papeles….hay que demostrar con papeles que son pobres inmigrantes sin papeles…

Es lunes y desde febrero hay ruta H&H que han abierto dos increíbles extoxicómanos, Hasan alias Pepe y Hachin. Ambos viven acogidos en la casa de una asociación. Uno es un apátrida y el otro un palestino que se quiere bautizar. Mientras se celebra la reunión, meten la comida en mi coche y se dirigen en metro al centro de Madrid donde me esperan. Llego tardísimo de la endiablada reunión y me encuentro con unas 100 personas en plena plaza de Ópera que hacen cola para conseguir un plato de comida.

Después del reparto decidimos ir a tomar una coca-cola con algunos de los voluntarios que vienen con H&H. Muchos son también pobres: entre ellos dos kazacos que viven con su madre en la terminal del aeropuerto y africanos del curso de cocina con prácticas del cole de mi amigo Nacho, etc.  Cerrado. Cuando llegamos al bar, donde ya nos conocen y una vez se vino un viernes a Bocatas una mami que nos vio allí y preguntó quiénes éramos, estaba cerrado. Al final nos fuimos sin el cocacolo y sin el bocata de calamares que imagino tanto ansiaban nuestros voluntarios. 

Al llegar a casa me dice un buen compañero: «¡Con que a las 21.30!». Le enseño la foto de la cola de los 100 y le respondo: «Había que darles de cenar»…

Ceno algo y escribo este artículo mientras me acuerdo de que mañana tengo grupo que he bautizado con el extraño nombre de Finance – flow, un invento financiero de banda con sensibilidad social. Mañana mi amiga Mariona nos hablará del metaverso.

Todo a la vez. Todo mezclado. Hay un truco para no reventar y saltar por los aires -como he visto este verano en alguno de mis amigos-, el método Flow. Dios es más grande, sabe más. Yo sólo digo como San Pedro: «Sí Señor, Tú sabes que te quiero» Y ya. Él es el que siempre puede más.

Rezo de completas: «Ahora Señor puedes dejar a tu siervo irse en paz«. A la cama. Flow. Gracias San José, amigo. Gracias Dios, amigo. (Jdt 8, 21b-23)