Elecciones en la Universidad de Córdoba


La sucesión natural en Córdoba parece asegurada, pero la natularidad no suele ser condicionante de la historia

UCO coronavirus instalaciones
Rectorado de la UCO en una imagen de archivo./Foto: LVC
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Rectorado de la UCO en una imagen de archivo./Foto: LVC

Ha sido la noticia de la semana pasada. Gómez Villamandos se va a consecuencia de la limitación de mandatos y deja tras de sí una etapa positiva y discreta, donde la universidad ha crecido en dignidad conforme los ministerios que la afectan decrecían en ella. Ahora que florecen ministros de casi todo, solo para dar sueldo y entretenimiento a clientes y amigos, algunos llaman la atención más que otros, no tanto por su carácter accesorio como por la sorprendente caricatura que hacen de sí mismos. Es el caso de Garzón y de varias “miembras” del consejo. Pero también lo ha sido, y quizá de modo más sangrante, el de Castells, un ministro de Universidades que no creía en la necesidad de tal ministerio y menos en su idoneidad para el mismo, lo cual en última instancia le ha justificado, no su política, pero sí su esperpento. Frente a ese personaje que no sabía donde estaba, hemos tenido a un universitario sobrio y bien plantado presidiendo la conferencia de rectores españoles, a la vez que honraba el rectorado de la UCO. Dios le conceda a Gómez Villamandos fuerza y salud para continuar su labor por otros derroteros.

La sucesión natural en Córdoba parece asegurada, pero la natularidad no suele ser condicionante de la historia. Julieta Mérida es una profesional de, por y para la Universidad, que ha presentado su candidatura a rectora hace pocos días. Representa la continuidad, pero también una personalidad diferente e innovadora desde presupuestos estrictamente universitarios. Ha sido hasta la fecha de su anuncio vicerrectora de Posgrado en el doble mandato de Gómez Villamandos, es decir, que ha ejercido durante ocho años como responsable de la vanguardia universitaria cordobesa. Si alguien cree en el futuro y puede hasta cierto punto preverlo es ella.

Su probable oponente, Manuel Torralbo, ha tenido muchos cargos, todos secundarios. Y todos más dependientes de su condición política que de su formación universitaria. Tal vez sea esta la última oportunidad que se le presente de ser el primero de la clase antes de la jubilación. Tal vez por esta razón no lo merezca desde un punto de vista exclusivamente académico. Torralbo es sobre todo un personaje siniestro por definición, que ha hecho siempre política nítidamente de izquierdas en el seno de la universidad. Es sectario y doctrinario por vocación, contraviniendo su propia formación matemática. ¿Han visto el currículo de Torralbo? No le falta ni un solo puesto funcionarial de designación a dedo en el entorno de la gestión universitaria andaluza. Tan harto debía estar de universidad que se vino al Ayuntamiento para hacer política directa, sin ambigüedades, pero Ambrosio no pudo repetir y tuvo que volver a las aulas con apresuramiento vergonzante. Aunque lo más lamentable de su trayectoria sea su paso por Rabanales 21, que acabó en un concurso de acreedores, del que aún no está libre, debido a la desastrosa gestión del PSOE en la Junta, en el Ayuntamiento y en la Universidad, con la intermediación del citado personaje. Peor, imposible.

Julieta Mérida, en cambio, es una universitaria de libro, nunca mejor dicho. Ha estudiado, ha investigado y ha opositado hasta llegar a la titulación más alta y al rango más elevado de la Universidad. Doctora y Catedrática por méritos exclusivamente académicos. Nada de política, nada de clientelismo, nada de enredos. Julieta mérida es una mujer que todo lo debe a su esfuerzo personal. Las cuotas la ofenden. Nunca se ha avenido a formar parte de intereses de grupo, ni políticos ni sociales. Es una mujer, sin duda, pero nunca ha hecho gala de serlo para demostrar su valía. Estas son las mujeres que nos hacen feministas, las mujeres que queremos ver de rectoras, de alcaldesas, de ministras e incluso de presidentes del Gobierno. Julieta Mérida es una mujer que quiere y merece ser rectora, la primera rectora de la Universidad de Córdoba, no por su condición femenina ni por una circunstancia política, sino por la exigencia y la excelencia cumplidas de quien es una universitaria de los pies a la cabeza. ¡Gaudeamos igitur!